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Mostrando entradas de 2023

Tremenda turra

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Tremenda turra, porque la de este año sí que ha sido dura. He masticado tierra y polvo. Me he vaciado; tanto por haberme abierto heridas para limpiarlas, y de las que me queda una hermosa cicatriz, como por cumplir sueños con los que llevaba demasiados años soñando. He aprendido que cuando las situaciones son buenas, se disfrutan; que cuando son malas, se transforman y que, si no puedes transformarlas, te transformas tú. Y en eso estamos. Acabando el año en medio de esa transformación que llegó con el verano para quedarse. He aprendido confirmado que la gente del mar somos de otra pasta. Que en palabras de Branson: los valientes pueden no vivir para siempre, pero los cautos no viven en absoluto. En que ya no me sirve ni la ley de Coulomb para calcular la atracción porque le faltan parámetros, ni tampoco la ley gravitacional de Newton. En que hay momentos que recuerdo con la intensidad de cien bombas nucleares, y que han sido los más jodidamente preciosos de mi vida. Hasta si

Voces

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Los héroes y villanos siempre tienen la misma historia, y es que todas nacen del dolor. Los villanos son aquellos que han sufrido y culpan al mundo de sus males, y los héroes son aquellos que han sufrido y que no quieren que los demás pasen por lo mismo. Unos son manipulados por el dolor para transmitirlo, otros, lo usan para frenarlo. Las mejores versiones de los héroes siempre surgen después de los procesos más duros, porque las versiones débiles, no sirven.   Pero, ¿cómo aceptar si eres un héroe o villano? Como decía Sirius Black: Todos tenemos luz y oscuridad en nuestro interior, lo que importa es la parte que queremos potenciar. Y escuchas esa voz. Esa voz interior que nos susurra lo que es correcto, y que sabe Dios en cuantas ocasiones se enfrenta a los ruidos de fondo que hay en la cabeza y a su alrededor. Pero ella no se calla. Porque esa voz tiene algo, y es que cuando habla, nunca se equivoca. Es una voz directa y clara, de muy pocas palabras, de hecho a veces solamen

Señales

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Que has cambiado. Quizás no tanto por fuera como por dentro, donde aún continúas librando batallas y destronando demonios. Donde los campos siguen arrasados por fuego y cenizas; donde la sangre aún desdibuja la superficie del agua. Te has hecho fuerte sin necesidad de pesas o ejercicios de hipertrofia. Has aprendido el uso del término “no” a las bravas, y también hasta dónde debe emplearse. Te has antepuesto a los demás y, cuando das algo, lo haces porque realmente te lo pide el corazón, no por compromiso. Eres acero frío templado. Has aceptado que la paz está por encima del placer, y que quizás esto es lo más importante que vayas a aprender de la vida. Has aprendido de tus errores asumiéndolos hasta el punto de creer en ti cuando nadie más lo hace. A veces, ni tú mismo. Que si quieres llegar a donde nadie ha llegado, que hablen de ti es condición sine qua non con la que tienes que aprender a vivir. Que la felicidad la construyen los que creen en sus manos y no los que tienen la

Sí, pero no

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Vivo en un mar de cicatrices que no se ven, en guerras internas que sólo quien ha pasado por ello puede entender. En guerras de vencidos donde el único victorioso es quien lo soporta todo hasta el final. Que decimos lo que pensamos, pero callamos lo que sentimos. Que hay multitud de noes cuando tan sólo necesitamos un sí. Que cuando habla el miedo, no se puede confiar en él, y que ya no es cuestión de si es fácil o difícil, es de si quieres o no. De almacenar mensajes guardados en borrador de notas por no darle a enviar. De cuerdas trenzadas en el cambio de marchas del coche. De gritos en silencio. De deseos a la Luna y al universo. De reparar relojes rotos con la intención de que marquen un nuevo tiempo. De no perder la esperanza.

10 km/h

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Las cuentas son sencillas. Si tienes que recorrer una distancia de 100 kilómetros y la velocidad que llevas en el coche es de 110 km/hora, suponiendo una velocidad constante desde el punto A hasta el punto B, tardaremos 54 minutos en cubrir esa distancia. En el caso de llevar una velocidad de 120 km/hora, tardaremos 50 minutos. Sacrificando 4 minutos por una reducción de 10 km/hora, se reduce el consumo en el motor y, además, tienes 4 minutos a mayores durante el viaje que te dan para pensar. Para pensar en todo y en nada, para focalizar los esfuerzos, para entrar en tu interior y tener esa conversación incómoda que no te atreves a tener con alguien que no seas tú mismo, aunque cuentes con una persona que sabes que está a tu lado. No sabes si es por vergüenza o incomodidad, pero si algo he aprendido, es que como ocurre con la relación de la velocidad, el espacio y el tiempo, cuando lo divides y lo compartes, la carga es menor. Y es que a veces son mejores velocidades bajas y

Florece

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Como una torre de naipes que se desmorona. Como el mar que revienta las balaustradas de granito de los paseos que encuentra a su paso. Como la explosión de la bomba de Saruman en las murallas del Abismo de Helm. Se siente como la gravedad empuja hacia abajo; como te arrastra hasta el fondo justo en el momento en el que tienes que actuar. Como una avalancha de nieve que te lleva con ella sin permitirte salir a la superficie, quedando sepultado para debatirte entre la luz y la oscuridad. Si algo he aprendido es que la vida nunca sale como uno la planea. Que la palabra “fracaso” también es una sensación, y que queda en tus manos si decides ponerte en pie, o dejar que la nieve te arrastre. Que a veces tienes que arriesgarlo todo por un sueño que sólo tú puedes ver y que, si bien es cierto que te hará conocer tu versión más rota, algo me dice que también te presentará a tu versión más fuerte.  Que como decían en Mulán: La flor que florece en la adversidad, es la más rara y hermosa d

Lo más importante

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Los rodamientos de una Puch como mis primeras canicas. Las primeras vueltas que dio una peonza en la mano. Los tornillos que escondí dentro del trasportín de la moto que había que entregar en ese mismo día. La colocación de los mostradores y de las verjas en el taller. El ruido de la persiana al levantarse, y la locura que era cerrarla. El carburador que arreglé con doce años y la moto sobre la que me sentaba con dieciséis. La paga a escondidas. Los trabajos en verano reparando portales. Los domingos de ir a correr a la playa por la mañana y los baños en el mar. La frase que llevo tatuada que nos salió del alma. El gran consejo que me diste de que “si entras en política, no dejes de estudiar”, y que he llevado a rajatabla. Las promesas cumplidas. Los sábados de pizza y los domingos de desayunos. Los goles de cuartos de final de Champions y los te quiero que te dije antes que te fueras. Las lecciones aprendidas y los momentos más duros, pero siempre juntos. Porque el sol siempre v

Frío y lluvia

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Recuerdo que una vez me dijeron que a mi no me gustaba el frío, si no las cosas que se podían hacer para compartirlo: el estar tapado con una manta en el sofá con la estufa de leña encendida, el chocolate a la taza, la lluvia y los truenos rompiendo contra el tejado… El frío no le gusta a cualquiera. Es rara la persona a la que le gusta que el agua le cale hasta los huesos mientras parece que el cielo se viene abajo. Mientras el mundo se desploma sin saberlo. Llueve y hace frío, una vez más. Llegando a ese punto al que se debía llegar, a ese lugar donde la columna de agua alcanza la máxima cota y la máxima presión. Ahí abajo, donde el frío y el agua son lo único que te rodean, y el único calor que puedes sentir es el que se encuentra refugiado en tú interior. Y que cuando se llega al fondo, sólo queda subir hasta arriba.  Somos lo que hacemos, somos lo que defendemos, somos lo que protegemos.  

Miedo

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P or definición, el miedo es la perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario. Es el recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea. Lo que no dice esta definición copiada textualmente del diccionario de la RAE, es que hay libros que solo se escriben con la pluma de la experiencia y la tinta de las lágrimas. Que los corazones transmutan en piedra y, bajo presión, en diamantes. Que el miedo es esa terrible sensación que te azota cuando te acercas a los límites de tu zona de confort, a la barrera invisible que separa lo conocido de lo que podría cambiarte la vida. Pero, ¿a qué le puedes tener miedo, si nos vamos a morir? Nacemos para morir, para sacar la mejor versión de nosotros mismos y dejar la huella, la inspiración y el aliento de quien necesita aire. Y que difícil es tomar esa bocanada de aire, sin la que te mueres de miedo.  

Caos

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Llega un momento en el que te acostumbras a la presión sobre los hombros, a la columna de agua sobre el cuerpo, a la tensión que cruza desde la base del cuello hasta los hombros y el hueso sacro. Llega un momento en el que sólo sigues adelante por inercia, porque debes hacerlo. Porque sabes que, como en las películas de zombis, el que se queda quieto, muere. Que las adversidades siempre existen, y que en la vida siempre habrá más momentos duros que felices, o por lo menos, los primeros tienden a durar algo más que estos últimos. Ningún logro, por pequeño que sea, es limpio y ordenado. Que la adversidad se afronta con la cabeza bien alta y el corazón bien fuerte. Que los árboles torcidos siguen con su vida, mientras que los rectos terminan hechos tablones. Que antes de lograr nuestros sueños todo es Caos, porque ninguna victoria se consigue sin antes librar batalla.

Mefedrona

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La Mefedrona es una droga que en algunos círculos se ha puesto de nuevo de moda. Se trata de una droga sintetizada que se obtiene de la Catha edulis , una planta del cuerno de África, y que produce unos efectos similares al éxtasis. Como toda droga, tiene un momento de subidón y luego de bajonazo. Ese momento en el que te arrastra hasta los subterfugios del mundo en el que dejas de ser dueño de tu consciencia, de tu presencia y de tu espíritu. A esos lugares donde no eres dueño de ti mismo y sólo eres un amasijo de carne, huesos y sangre. Te arrastra a esos rincones oscuros similares a otros tantos pasillos que en algún momento se transitaron. A esas habitaciones donde duermen la ansiedad, la indolencia, la tristeza, el dolor y la angustia. A los amplios salones de la Torre de las Depresiones y de la oscuridad. Pero ahí, en medio de toda esa penumbra, se mantiene erguida la llamada de una luz que no se consume. Que brilla firme aun cuando la oscuridad más oscura la amenaza. Com

RHS - 113

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Hemos venido a jugar. A arriesgar lo que no tenemos a cambio de tenerlo todo. A sacar de mediocentro y a meter gol por la escuadra de un cañonazo. A volver a ser Natsu Dragneel liberando la Dragonforce contra Zero. Una parte de mí sabe que es la mayor de las locuras, pero no voy a negar que la vida me ha tratado bien siendo un auténtico descerebrado. Sobre todo, si entendemos por descerebrado a esa persona que vive de acuerdo con los designios de su corazón sin importar el qué dirán. Tengo como forma de vida la fe en que todo lo que persiste, prevalece. Que como decía la grandísima Sophie Marceau en su papelón de Electra King: De qué te sirve vivir, si no puedes sentirte vivo. Que en palabras de una maravillosa Bolaños en Merlí Sapere Aude: Hay gente que existe y hay gente que vive, ¿prefieres vivir o existir? Y no me cansaré de vivir. De correr mirando al horizonte en busca de batallas imposibles con el objetivo de que dejen de serlo. Llevo tantos años haciendo equilibrios sob

La generación de Walt

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Decía Saramago en su Ensayo sobre la ceguera que: “Dentro de nosotros existe algo que no tiene nombre y eso es lo que realmente somos”. Formo parte de la generación que creció con el germen de Disney y que aprendió que nunca había que mirar hacia atrás porque eso nos distrae del ahora, que no dejamos que nadie defina nuestros límites, porque el único límite es nuestra alma. Que el pasado puede doler, pero que podemos huir de él, o aprender. Que debemos confiar en nuestro corazón y dejar que el destino sea quien decida. Que hasta los milagros necesitan de tiempo y que manteniendo vivos los sueños, es como sobreviven los fuertes. Porque a los héroes no se les mide por la magnitud de su fuerza, si no por la fuerza de su corazón. Porque las flores que crecen en medio de la adversidad, son las más raras y bellas que existen.  Es pasión e intensidad, abnegación y rebeldía, las hostias que almacenamos por no renunciar a lo que somos, porque esa es nuestra esencia: Las decepciones y los

Nuevas reglas

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Hay decisiones que cuestan mucho tomarlas, pero si quieres ser el mejor en algo, sólo puedes avanzar, hacerte de piedra y no apartar la vista del objetivo. No serás el único que quiera serlo, y tendrás que luchar por ello. Sólo Dios sabe lo complicado que ha sido el llegar hasta aquí, y lo difícil que será recorrer este camino, un camino que necesariamente se recorre en solitario.  Supongo que ahora entiendo porque el Universo ha apeado determinadas cosas y a determinadas personas. Quizás no era el momento, pero es que allí a donde voy, ahora entiendo que nadie puede acompañarme.  Es un viaje de un único pasajero que no tiene retorno; un viaje en círculo que cuando se complete te hará llegar al mismo punto, pero totalmente cambiado. Un viaje que requiere de un sacrificio enfocado a una dedicación plena y absoluta. El viaje hacia donde me llevan el corazón, la cabeza y toda una vida de preparación. Cada día un paso más cerca de la meta, de ese sueño que tiene sus trece años, per

Antifragilidad

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La semana pasada, en una de las reuniones a las que asistí por trabajo, una profesional vasca dio a conocer el término Antifragilidad. Su autor es Nassim Nicholas Taleb, ensayista, investigador y financiero libanés, y establece lo antifrágil como algo que está más allá de la resiliencia o la solidez. El resiliente resiste los choques y permanece igual, lo antifrágil mejora. Lo antifrágil necesita del Caos para sobrevivir y florecer. Su adaptación constante al medio, como una evolución de la filosofía nipona del Kaizen, que aborda la mejora continua, y lo lleva al siguiente nivel. A ese nivel que te equipara con la máxima de que el crecimiento proviene de la soledad de uno mismo. Creo que lo antifrágil puede adaptarse como forma de vida; la necesidad de sobrevivir en un mundo en el que cada vez es más difícil confiar y al que enfrentarse, donde cada vez es más necesario no reponerse de los golpes, si no absorberlos para fortalecer tu estructura. Como la Hidra de Lerna, a la que le

Parada en Arroa

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A veces es necesario bajarte del bus, del tren y del coche. A veces es necesario apearte del camino. A veces es necesario parar. Y está bien hacerlo. Está bien hacerlo porque no hay mejores conversaciones que las que se tienen sinceramente con uno mismo. Mano a mano y en lo más profundo del abismo. En la soledad y quietud que dan la parte más oscura del yo. Parece que el Universo ha conspirado a lo grande. Que es cierto que, si te dejas llevar por la vida, la vida te pondrá por delante las aventuras más increíbles que puedas imaginarte. Y además, lo hace justamente ahora. En este justo y exacto momento en el que te eliges a ti por delante de todo. Y te eliges en ese instante en el que más lo vas a necesitar. Se avecinan, quizás, las semanas más complejas, duras y críticas de lo que para mí ha sido esta última década. Y puedo decir que me siento más fuerte, tanto física como mentalmente, que nunca. Que no habrá tormenta, ni fuerza de asalto, ni milicia papal que pueda pararme.

MW

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Creo que la gente se sorprendería de lo que hay detrás de una M y de una W. Una misma letra, pero inversa, un especie de ying y de yang, una especie de lo que es estar bien o mal. Y es que a veces te enfrentas a lo que parecer correcto por lo que tú sientes que es correcto, a veces te enfrentas a la opinión de los demás por encima de lo que puede ser la opinión de uno mismo. Porque no hay nada peor que hacer lo que consideras correcto en lugar de hacer lo que sientes correctamente. Es difícil tener el valor suficiente de decir lo que eres, lo que te gusta, y mantener la cabeza tan alta que ni la fuerza de la luz del sol te hace bajarla. Porque vivir y ser uno mismo tiene una fuerza interna fuera de lo normal, y es que vivir fuera de lo normal es lo realmente sexy. Hablamos de quién te hace temblar el suelo con el solo hecho de mostrar su sonrisa. Hablamos de quién tiene valor para esperar, de quién tiene valor de luchar cuando la batalla está perdida, pero es que ninguna batalla

Cactus y nenúfares

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He aprendido que soy más importante que nadie, y que sólo cuando estoy bien, puedo ayudar a los demás. No es egoísmo y orgullo, es paz interior. He aprendido a valorarme. Por primera vez en tanto tiempo que creo, sinceramente, que es la primera vez en mi vida que lo hago. Tanto, que miro hacia atrás y aún no soy consciente de lo que he logrado para los años que tengo. He aprendido a ser paciente, y que si quieres algo que valga la pena lo tienes que pelear día a día y grano a grano. Que no hay medias tintas y que, además, he vuelto a disfrutar de la lluvia y de los días nubosos en medio del mar. He aprendido a florecer donde no había agua; he aprendido y sigo aprendiendo a aprender. He aprendido a disfrutar de lo que tengo en este momento, del hoy, y no de lo que tendré mañana. Como los nenúfares que salen a la superficie para bañarse con los rayos del sol, como los cactus que florecen en el corazón del desierto. He dado con la tecla correcta del significado de sentirse vivo.

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Siempre nos dicen que la vida está llena de posibilidades, que hay salida para todos los problemas, y no estoy de acuerdo con ello. A veces solo he tenido una opción. Tienes una opción y la ejecutas, y esa acción, ese único camino que podías seguir, es el que te ha traído hasta aquí. Quiero ser fiel a ese camino; al que he elegido y también al que he seguido en algún momento por imposición divina, porque en algún momento ha sido la única opción.  Creo que el miedo paraliza. Que, si pensamos demasiado las cosas, el miedo termina por paralizarte, y realmente no hay más soluciones que enfrentarte a las adversidades con ingenio y trabajo duro. Y es que como decía la princesa Mérida: Nuestro destino está dentro de nosotros y sólo tenemos que ser valientes para poder verlo.

Una noche de Perseidas

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A veces, cuando escribes, necesitas empezar dos veces el mismo texto. No sé si será la aplicación de notas del móvil, que es una chusta, o que quizás la suerte ha decidido que lo escrito con anterioridad no era lo correcto, pero esto de que desaparezcan las palabras, aunque sea cousa de meigas , no deja de ser algo que toca las narices. Pero el caso es que escribes de nuevo y caes en la cuenta de que no te das por vencido, de que sigues hasta el final cuando el final parece escrito y, que cuando hincas la rodilla en el suelo, es para coger el impulso suficiente con el que cambiar el grafo de una palabra; si te llega el alma  lo suficiente  como  para combatir una vez más. Y lo haces, porque las batallas perdidas son las que no se libran, porque sigues creyendo dentro de ti que los muros se caen si es a base de persistencia y tenacidad. Que las cosas que importan se persiguen, cuidan y protegen.  Y dudas, dudas mucho, pero algo en la oscuridad de tu interior te dice que no dejes d

Despunte solar

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No sabría exactamente como definir a la capacidad que tiene un lugar de ayudarte a sanar. De permitirte coser partes del cuerpo que no se rompen, pero se quiebran, y que en algún momento nos hace conocernos mejor en las peores circunstancias. Es como cuando acabas vapuleado de una montaña rusa emocional, de subes y bajas, de giros de 360 grados y subidas en línea recta, que llegas a una meseta antes de empezar la cuesta abajo y dejar a la adrenalina salir por la boca en forma de grito. Hay lugares que transportan, que curan, que sabe Dios que droga tienen en el aire que los empapa más allá de la marusía y que te vendan el corazón. De la mezcla del alcohol de sus bares con el salitre, del verde amanecer que despunta con el azul turquesa intenso de los cloruros marinos. Donde se juntan corazones despedazados con argamasa de salitre, donde se reparan armaduras quebradas, donde el agua, el fuego y la sal hacen diamantes. Donde, mientras graznan las gaviotas, tomas la fuerza de un nue

Luciérnagas

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No podemos vivir la vida que no fue escogida para nosotros por la Providencia, ni aquella que no está en nuestras manos. Hay quien tiene más o menos suerte, pero son los actos que tomamos los que de verdad hacen que vivir merezca la pena. El destino reparte las cartas, pero somos nosotros quienes nos enfrentamos a la partida. Somos nosotros los que decidimos si jugamos la mano o pasamos de jugar, si nos arriesgamos a salir a ganar. A veces ganamos, a veces aprendemos. No todas las lecciones son malas aunque alguna cueste aprenderla y, cuando lo haces, puedes verlo todo con la perspectiva de que de lo malo se saca lo bueno y de lo bueno, siempre se saca lo mejor. Siempre creciendo, siempre aprendiendo, aunque a veces nos exijamos tanto que no seamos conscientes de hasta qué punto estamos sobre viviendo. Querer ser el mejor en algo tiene un precio muy alto a pagar, un sacrificio que va más allá de horas de sueño, de agotamiento mental o de entereza física. Pero la cuestión no es

Las pilas de Nesperino

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El otro día encontré uno de esos anillos que lo son porque los llevas en el dedo, pero que en realidad no era otra cosa que la altura de una chumacera del skiff en el que competí por primera vez en banco móvil. Un skiff al que había bautizado como Nesperino por una soberana coña con un níspero. La gente que nos rodea tiene planes maravillosos para nosotros, pero somos nosotros mismos quienes decidimos los planes que queremos ejecutar. Es como una tórica destinada a la culata de un motor que terminó siendo la mejor pulsera, o como esa altura que se convirtió en una alianza con un deporte que tanto me ha enseñado. No se trata de los planes que tengan para ti, si no de donde encajes mejor. ¿Hasta dónde estoy dispuesto a llegar? Supongo que esa es la verdadera pregunta. Hasta el final. Siempre hasta el final, porque esa siempre ha sido mi forma de ser; Hasta que el muro se venga abajo y la piedra sea un canto rodado. Caer, levantarse, insistir y aprender decía Mago de Oz, o que como me dij

Celofán

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El celofán es un polímero derivado de la celulosa, transparente, fino, flexible y resistente a los esfuerzos de tracción. Al fin y al cabo, es lo que cuenta; la resistencia a los esfuerzos, la resistencia a ser rallado, la dureza del diamante. La coraza de Mithril. El maldito adamantium . La ingeniería de materiales nos enseña a evolucionar, a mejorar los materiales para que pesen menos y en lugar de llevar armaduras de veinte toneladas, llevemos un buzo de Kevlar de cien gramos por el que no pase ni una aguja. Y es que cuando creces vas reforzando la armadura allí donde tienes cicatrices, porque la hostia, lo que es llevártela, te la llevas. Vas añadiendo protecciones y barreras, tantas que cuando te das cuenta, eres un armadillo en potencia vestido de gala. El armadillo que ha crecido hasta el punto en el que los dramas que antes duraban meses, ahora se curan con 10 horas de sueño reparador. Que asumimos las decepciones con mayor facilidad porque venimos de vuelta de todo, per

Take a chance

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A veces tienes que vivir y arriesgarte. Tienes que vivir con tus errores y con tus aciertos, con lo que te enseña el día a día y sin perder la sonrisa. Tienes que arriesgarte a fallar, arriesgarte a no ser correspondido, arriesgarte a robar besos a la noche cuando menos se lo esperen y tienes que arriesgarte a seguir adelante. Tienes que arriesgarte a firmar ese informe que va en contra de lo que piensan los jefes pero que es lo que mantienes como profesional, tienes que arriesgarte a llegar a esos límites que nadie quiere explorar por el “qué dirán”. Tienes que vivir, y si la hostia que te vas a meter es enorme, por lo menos que del golpe salten unos hermosos fuegos artificiales, que se ilumine todo a tu alrededor y que puedas decir que te has atrevido a vivir cuando otros no lo han hecho. Que te has arriesgado a ser feliz en estos tiempos tan oscuros en los que vivimos y no hay mayor acto de valentía que este: Ser tú. Porque la vida siempre es una continua improvisación que s

Up!

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Dicen que somos como recipientes y que, si estamos llenos, no podemos llenarnos más.  Que para poder subir de peldaño tienes que soltar; que para poder acumular, primero hay que vaciarse. Que cuando una hoja deja el viento, otra puede subirse a él. Dicen que estamos hechos de polvos de estrellas mezclados con agua. Que venimos del Universo y por eso estamos en constante comunión con él, aunque no nos demos cuenta de ello. Dicen… Dicen tanta cosas que ya no sé cuales creerme. Aunque siempre he creído que los borrachos y los niños dicen la verdad, que el miedo a lo desconocido es el peor consejero y que el mundo pertenece a aquellos valientes que deciden vivir sin miedo a amar. Supongo que ese es el punto en el que nos encontramos. El punto en el que tomamos decisiones valientes porque amamos lo que hacemos y lo que sentimos, y en su defensa he de decir, que estamos dispuestos a realizar lo que sea necesario para mantener nuestra sonrisa.

Las piedras también lloran

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¿Te atreves a vivir? ¿Te atreves a sentir la intensidad de la vida hasta el punto en el que sientes como se te eriza el vello del cuerpo? ¿Te atreves a dar ese paso al vacío mientras sueltas una carcajada? Es que es en estos momentos en los que se debería de medir la vida: en las risas y en los saltos al mar desde el borde de un muro, en tardes de sudor y esfuerzo, en buenos momentos. En ser feliz. Inmensamente feliz. Hasta el punto de no evitar sonreír cada instante. Y cuando llegas a ese momento, cuando llegas a ese punto en el que mides lo bien que te va el día en función de las veces que has sonreído, te das cuenta de que estás en el camino correcto. En el camino de verdad. En el camino que escogiste y que tantas lágrimas en secreto, y que en algún momento no lo han sido, te ha ocasionado. Porque a veces, las piedras también lloran. No, no ha sido un paso atrás, es un paso adelante que te permite ver más allá. Que pone rumbo a la delgada línea del horizonte.  Nuevos caminos,

Nothing or all

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Nunca es fácil tomar una decisión correcta, sobre todo las que además de afectarte directamente, afectan a quienes te rodean. No se trata de escoger entre el color de pintar una pared o a donde te vas de vacaciones, se trata de escoger entre un modo de vida y de entenderla, o cambiarlo por otros. Que no es ni mejor ni peor, simplemente es diferente. Se trata de estas batallas que solo puedes librar a solas y que, como consecuencia, solo tienen un soldado, un comandante y un capitán. Ser dueños de nuestra libertad es el compromiso que adquieres de no fallarte, de que hay cicatrices bajo la piel después de centenares de batallas que te han enseñado lo que quieres, cómo lo quieres y lo que estás dispuesto a asumir por ello. No se trata de tener un poquito porque no puedes tenerlo todo.   Como decía O-Town en su “All or Nothing”: Porque lo quiero todo, o nada en absoluto.

Piratas

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En los últimos días he cambiado, y puedo reconocer que me he vuelto más  “yo”  . Quizás he vuelto al más “yo” que era antes de la pandemia, y que por fin ha despertado como si fuera un sueño del que cuesta despertarse.  Siempre he creído que todo ocurre por algo, tanto lo bueno como lo no tan bueno. Que ocurre por alguna razón, y que la clave de la vida es fluir y dejarte llevar. Porque sin dudas, los mejores caminos se encuentran cuando uno está perdido.   Y eliges. Y tomas decisiones por ti más que por los demás a riesgo de parecer egoísta, pero es tu corazón el que te dice que estás haciendo lo correcto. Que estás haciendo lo que se debe de hacer y que estás viviendo como deseas hacerlo. No es ser egoísta, es no ser infeliz. Es saber que tengo en la proa un horizonte que me deslumbra como el romper del sol sobre la bruma del mar, es saber que sigo el camino correcto y para el que me he preparado a conciencia. A mucha conciencia. Casi tanto como toda una vida pirata de Roronoa

La segunda de Minas Tirith

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Después de resistir la embestida de las hordas de Saruman en el abismo de Helm y de asumir Gandalf su nuevo rol en esta historia como mago blanco, el Gran Ojo decidió asestar con premura su golpe sobre la Ciudadela Blanca. Asediados por el frente y con la montaña en su retaguardia, con un líder demente que hubo que destronar a base coces de caballo, golpes de báculo e incineración con caída libre, se decidió plantar cara a las fuerzas de Sauron. Fue en esa batalla, apostados sobre la colina norte de los campos de Pelennor, que los miles y miles de caballeros de Gondor dieron lugar a una de las mayores cargas épicas que nos ha dado la literatura fantástica. Y cargaron, con furia y osadía, sin temor a la muerte. Fue en esa batalla donde los muertos volvieron a cargar una vez más para cumplir con su palabra, y donde los mercenarios que, a pesar de ser hombres como los asediados, realmente terminaron estando del lado de los orcos. Qué curioso, ¿no? Pero los hombres vencieron. Por s