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Mostrando entradas de 2020

Qué año tan largo

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Qué año tan largo, tan duro, y con tantos sentimientos encontrados. Porque este año me enfrenté a la última de las batallas profesionales que tenía pendientes para poder seguir adelante persiguiendo un sueño. Porque he terminado ese libro que empecé hace años, y he logrado ponerle un punto y final. Porque he hablado con mi pasado, he descubierto que no forma parte de mi presente, y que no va influir en mi futuro. Porque me he reencontrado a mí mismo. Porque he vuelto a disfrutar con un deporte que llevo marcado a fuego en mis entrañas, y porque he descubierto que los puntos más fuertes, son aquellos que en el pasado fueron débiles y se trabajaron para hacerte mejor. Porque he sufrido, y ha sido mucho, junto con mis compañeros y amigos en ese edificio que se llama Casa del Concello, donde hemos logrado liquidar las deudas pendientes y miramos al futuro con optimismo, sabiendo que a pesar de lo duro que ha sido este año, hemos logrado imposibles, y lo seguiremos haciendo. Porque

Por el tiempo

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Se hace imposible no mirar hacia atrás en una Nochebuena, en contar quienes se sentaban a la mesa a la hora de cenar y quienes estamos ahora. Todos tenemos sillas vacías; sillas más grandes o más pequeñas. Huecos que siempre nos acompañarán como el recuerdo perpetuo de que éramos ricos y no lo sabíamos. Como los recuerdos y sueños que se guardan en bolas de cristal para colgar cuando llega el momento del árbol de Navidad. Porque en eso consiste el tiempo; No son las agujas del reloj girando sin ton ni son, si no lo que vivimos y lo que marcamos, la huella que dejamos. Lo único que podemos regalar a los que más queremos para que, cuando ya no estemos, sonrían mirando al pasado desde el presente, y puedan seguir adelante.  Y es por eso que el brindis de esta noche no tiene que ser por quienes han dejado los huecos en la mesa, si no por los recuerdos y vivencias que nos legaron. Por esos instantes que nos ayudan a seguir adelante, sabiendo que tarde o temprano, nos volveremos a enco

Aguantar la respiración

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Y coges aire. Lo haces con los ojos cerrados y la cabeza inclinada hacia atrás, notando el viento del noroeste que te trae el frío del invierno hasta la piel y el corazón, hasta cada poro del cuerpo que recuerda de donde vino. Comienzas a girar la cabeza alrededor del cuello, notando la lana del jersey que te hace cosquillas en las orejas y en la nuca, mientras exhalas el suspiro que arrastra toda la mierda que puedas tener dentro: Todo el estrés, la incertidumbre y la niebla que cubre el sendero que hay delante de ti. Y clavas la mirada. Lo haces en lo que duele y cuesta, en lo que quizás sea el mayor de los sacrificios que tengas que realizar. En lo que es salir de la zona de confort, en lo que es uno de esos viajes que no sabes en lo que puede terminar. Cuando tomas aire de nuevo, un escalofrío recorre todo el cuerpo. Vas ligero de equipaje, tan solo con lo puesto y lo aprendido, pero con la certeza de llevar todo lo necesario. Porque después de preguntarte qué es lo más imp

Recomposición

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Te dirán que no te pega o que no va contigo. Que no es tu estilo y que no es lo que te conviene. Te dirán que no es lo que debes hacer, te dirán que no es lo correcto ni lo indicado, que choca de lleno con lo que tú tienes que concebir, sentir o expresar. Te dirán que aquello que quieres no es lo conveniente. Que aquello que nace en el interior del pecho y que expresas con cada frase, gesto o acto, no es procedente. Te intentarán encorsetar dentro de lo común y apropiado, del gremio de las alas encogidas en la espalda que prohíba volar más arriba de las nubes, soñar más allá de las estrellas. Pero es que hay espíritus que han nacido para dar todo lo que tengan por la causa en la que crean, porque aunque se acaben rompiendo, se van a volver a recomponer. Porque eso es sentirse vivo: echarle huevos aunque no tengas gallinas.

Diez años

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Te tiras años buscando algo especial. Decepciones tras decepciones, y decepción una. Te resignas a aceptar que nunca encontrarás nada que te vuelva a hacer latir el corazón. Que más vale ponerse una coraza de piedra para no sufrir, que es mejor morir en vida a tener un solo segundo de sufrimiento. Un día, una noche, todo cambia. Sigues adelante. Te arriesgas y empiezas a desmontar toda la muralla que una vez levantaste a tu alrededor. Supongo que uno nunca está preparado para las decisiones importantes, pero es que quizás por eso lo son. Llevo casi 29 años guiándome por el instinto y por el corazón, por los impulsos que brotan de dentro, por la fuerza de las palabras y la intuición de los sentimientos. Aprendiendo, cayendo, levantándome, viviendo, amando, llorando, y riendo como si lo fueran a prohibir. 3 de diciembre de 2010. Una década, diez años de valor y coraje, de formas de ver el mundo y la vida. De crear de la nada. De sentirlo todo. Toda una década que no puede tener m

Shin shin to

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Deja que afuera suene la lluvia, deja que caiga y que se lo lleve todo. Que caiga sobre la piel y que arrastre la sangre de las heridas, que resbale y se lleve con ella aquello que sobra, que no hace falta, y que pesa. Deja que el eco de las gotas sea quien te arrulle en medio de la noche, quien te tranquiliza y te lleva de vuelta al mundo de los sueños. Quien te recuerda de dónde vienes y cuáles son tus metas, sueños y esperanzas. Deja que sea el agua de lluvia la que arrastre las lágrimas, la que se lleve el pesar. Deja que sean las gotas de lluvia, las que caen sobre tu cara cuando miras al cielo en medio de la oscuridad de la noche, las que te recuerden al Foliot Rojo, porque las almas dignas son aquellas que no retroceden por miedo a la muerte, o a la vergüenza de lo que es justo. Que sea el agua de la lluvia quien te recuerde que estés seguro de que lo lograrás, si nunca dejas de intentarlo.

Break out!

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Cuando el cielo se te caiga encima de los hombros y te fuerce a poner la rodilla en el suelo. Cuando los vientos soplen tan fuerte que tus pisadas en el suelo sean tan solo el recuerdo fugaz de una noche de verano. Cuando tus lágrimas sean arrancadas por el aguacero que sepulta el silencio de la noche. Cuando bucees en lo más profundo y recóndito de tu ser, en aquel lugar donde nadie nunca ha entrado y que está encerrado para esas noches frías y oscuras en las que la soledad es la única compañera. Cuando el rendirse comienza a ser la opción que flota en tus pensamientos y la derrota te tiende la mano fingiendo ser la solución acertada. Cuando estés tirado en el suelo, de rodillas, sin fuerzas en los brazos para poder levantarte, y cuando no puedas ni abrir los ojos de lo magullados que están. Cuando mires hacia arriba y te preguntes porqué, si has hecho todo lo que podías hacer y aún así no ha dado resultado. Recuerda.  Recuerda que si llegaste hasta aquí es porque has ido queman

Mavis Vermilion

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Mavis Vermilion no era una maga fuerte. No tenía un cuerpo de dos metros con músculos donde no debería haberlos, ni mucho menos podía reducir ciudades a cenizas con uno de sus ataques. No era fuerte, ni rápida, ni mucho menos tenía una pasión que pudiera desembocar en el aumento de su poder, tal y como nos tiene acostumbrado Hiro Mashima. Mavis era torpe, era una niña de 13 años que fundó el gremio de magos más poderoso de la tierra de Fiore, y que con cada paso que daba hacia adelante, besaba el suelo por sus continuos despistes y no ver por donde caminaba. No, Mavis era temida y respetada por carecer de todo esto, y lograr ganar batallas y guerras. Era capaz de examinar a todos sus oponentes, de ver sus ataques, sus fortalezas y debilidades, de pararse a ver y contemplar todas las opciones y sacrificar todo cuanto fuera necesario para lograr la victoria final. Era el "Hada Estratega" Porque de ella aprendí que no gana el que más corre o el que llega más lejos, gana el

Concex

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Como el polvo que se levanta del suelo cuando cae un peso muerto. Como el gancho que te deja noqueado después de una paliza de las buenas, de las que recordarás toda tu vida y que te acompañará hasta la tumba, como el fuego de tu corazón que calcinará la sangre con cada latido. Con los huesos desencajados y los músculos desgarrados, con los ojos hinchados y los oídos embotados. Con el tabique nasal desviado de tal forma que tengas que respirar por boca, saboreando el hierro en la garganta, y tan mareado que eres incapaz de percibir lo que tocan tus manos. Roto por completo, con apenas aire en los pulmones y sangre en el cuerpo. Pero todavía aguantando. Fielmente anclado a los juramentos que te prohíben sentarte a morir. A que cada puñetazo de la vida sea un impulso para seguir adelante, a probar todas y cada una de las llaves que hay en el llavero.  A jugar la baza de que la última llave sea la que abre la puerta, y si no es así, dale patadas y puñetazos hasta que termine por rompe

Reflejos

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Y ves tú reflejo en la ventana. Al otro lado todo es calma: La quietud de la noche mecida por la brisa del mar que hace cabecear los botes en el malecón, las nubes sigilosas que cruzan los cielos ocultando la luna y las estrellas que salpican todo lo que abarca la vista. Por un instante tan solo existe ese momento en el que tus pupilas se ven a sí mismas, en el que se clavan en el cristal de la ventana y en el que el silencio del exterior cruza al interior, en el que el viento traspasa los muros y el corazón marca el compás. Que lo que era silencio ha pasado a ser la contracción del pecho y la respiración que acompaña a cada grito de guerra, la música que lo abarca todo. Que el sudor ciega la mirada, pero que cuando realmente observas es cuando cierras los ojos y buscas en tu interior. Cuando asumes que las grandes batallas son aquellas que se libran contra uno mismo con el único fin de no caer en la autocomplacencia, y que la fuerza no se encuentra en los músculos, si no en la

Hogar de reencuentro

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  They , que en inglés significa ellos. Una palabra que incluye a todos aquellos que ha compartido contigo los momentos más duros, difíciles y gratificantes de toda de una vida. Supongo que llevo semanas pensando sobre esto. Sobre lo increíble que es el tener la suerte de gozar de las historias de tus abuelos, de los cuentos de tus padres y tíos y de compartir esto de manos de tu hermano. Porque de esto realmente va la vida. La vida no va tan solo de vivirla. No va de dejar una huella tan profunda que persista durante generaciones o de quemar todos los cartuchos, va de que los tuyos relaten tus hazañas e historias pasando de generación en generación, de que siempre quede tinta en el tintero que cuente las increíbles historias que nacieron. Por la historia, por la vida y por la familia. Por esas raíces que van más abajo que los equipos que entrena Lotina. Por lo que signifique el ser libre de corazón.

Nubes soñadoras

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Somos uno de esos inadaptados. De los que en el colegio prefería escuchar música a jugar al fútbol, a dibujar mapas de mundos que no existían a ser el macarra de turno, a escribir sobre lo imposible antes que pensar en joderle la vida a los demás. Somos los hijos de esa estirpe de damas y caballeros que más duros se hicieron, los que sufrieron en silencio y se hicieron fuertes por convicción, porque los sueños pesaban más que cualquier otra cosa, incluso que nuestros puños cerrados que después encarnamos como victoria al romper los cielos. Somos aquellos que soñamos a lo grande y sin miedo. Fuimos y seremos los que aprendimos que el silencio no era síntoma de debilidad, si no la mayor fortaleza que hoy atesoramos y que nos ha llevado a ser como somos. Somos los que cuando tuvimos la oportunidad, luchamos por refulgir con luz propia, no apagando la de los demás. Los que nos acostamos a las tantas sin ver la televisión porque sabemos que sin sacrificio, desvelos y dolor, no hay nad

Animal a batir

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Es como cuando subes el volumen de la música y acallas el ruido del temporal que hay en el exterior. Como cuando miras al cielo y la lluvia te baña por completo. Como el chupito que tragas de golpe y que te quema la garganta arrastrando con él todo lo que haya que arrastrar. Como el dolor de las piernas cansadas y de un espíritu en llamas, como la lágrima última que lo silencia todo. Que entierra el dolor, el sufrimiento y la fatiga. Porque la vida es echarle cojones y arriesgarse, sacrificarse y disfrutar. Porque el dolor es solo el camino a recorrer para cruzar la meta, porque la esperanza en uno mismo es la gasolina que hace que funcione el motor. Porque el creer en uno mismo es el único límite que tienes que imponerte, y que cuando te digan que no eres capaz porque otros no lo lograron, recuerda que esos otros no han sido tu. Que la lluvia cae hacia abajo porque la gravedad así lo quiere, así como quieren tus   sentimientos y corazón ser el animal a batir. Ser la presa que se

Límites quebrados

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Los comienzos siempre han tenido algo de especial. Es lo novedoso, lo desconocido, la mezcla entre incertidumbre y lo que vendrá. Es lo que está por llegar y que ni siquiera atisbas a imaginar. Son conocimientos, disgustos y lágrimas, son barreras a las que enfrentarse, muros a los que trepar e historias que contarás algún día. Son las batallas del hoy que terminan forjado la leyenda del mañana. Las luchas que hacen de ti una persona especial, increíble, y con ganas de comerse el mundo. Sí, te lo digo a ti que estás leyendo esto cuando ya no sabes que terminar de hacer con la vida, cuando miras hacia atrás y te preguntas si el camino ha valido la pena porque ahora la cuesta empieza a ser de nuevo hacia arriba, si es que alguna vez ha dejado de serlo. Y créetelo. Si es difícil, es que vas bien.   Porque ahora que estás a punto de llegar a lo máximo de tu potencial, ahora y ahí, es cuando lo verdadero se forja. Cuando pasas a tener más brazos que Kali y más noches de sueño que Morf

Espiral de fuego

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  Habrá días en los que la ira será quien tome el control. Quien sea el sol sobre las piedras apiladas que buscan alinear el karma junto con tus chacras, como la circunferencia de radio infinito que define una recta. Será como dejar que el fuego consuma hasta el último ápice de razón y de cordura, como ese momento en el que los instintos toman el control de la razón y el corazón, es el único que tiene realmente marcada una hoja de ruta. Será como el subidón permanente que hay justo en el instante anterior a romper una canción, antes de que caiga la primera gota de sudor o las lágrimas te empañen los ojos. Como ese magnífico instante en el que el sol se oculta tras el horizonte. Como el mismo momento en el que los labios se rozan después de segundos separados que parecieron siglos. Como la fuerza que se invoca cerrando los ojos y mirando dentro de uno mismo, como la furia del espíritu ardiente que duerme dentro de nosotros.  

La Rueda de la Ofensa

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Y hoy vuelvo a enfrentarme a ti, folio en blanco. Porque me quise hacer la promesa de que no me embarcaría en otra aventura similar a la anterior no sin antes terminar otras cosas, pero es que mientras he mantenido esta promesa en vigor, una parte de mi ha entrado en coma, y casi ha dejado de respirar. Con mi última novela terminada y en la fase de edición, no quería empezar otro libro hasta finalizar otros asuntos que iban delante, otras cosas más importantes dentro de la lógica que aplicaría cualquier ser humano y que están por delante del desquitarse con un trozo de papel. Pero es que al hacerlo, estaría renunciando a una parte de lo que siempre he sido, de lo que tanto quise ser, y de lo que tan feliz me hace. Estaría renunciando a la pluma que aparece en el cuartel del escudo de armas que se ha labrado con el tiempo y las ilusiones del joven que crece sin olvidarse del niño que siempre ha sido. Y ahora que la pluma ya está mojada en la tinta de los sentimientos y de las pa

Corazón-hadas

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Porque esto no va de aguantar presión, ni morir de estrés, ni de decisiones eternizadas por el miedo a lo que pueda ocurrir.   Decía un expresidente del gobierno que los errores son perdonables, pero no la estupidez, y siempre he creído que no hay mayor estupidez en la vida que no tomar decisiones por miedo a equivocarnos, a que pese más lo malo que lo bueno, a renunciar a los saltos de fe.   Porque si no, ¿qué sería de la vida sin esos saltos sin red, agua o cuerda que te proteja?   Como el sonido de la lluvia en el exterior que cae con fuerza sobre el suelo. Como el retumbar de los truenos que hacen que vibren los cristales. Como el sentimiento que nace en el pecho y que sabe la causa por la que decide luchar.   Por esos saltos de fe basados en el susurro a oído del hada madrina, por los impulsos que se dan con el corazón; por las corazonadas.

Carácter

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  Existen esos días en los que te levantas de cama y todo va sobre ruedas. Las cosas funcionan por si solas sin ningún tipo de problema, no existen causas imposibles en doscientos kilómetros a la redonda y todo está en su lugar, en equilibrio, donde debe de estar. Pero también están esos días en los que volver a cama parece la solución más acertada. En los que todo se tuerce y todo te agota, en los que todo se enquista y parece que no avanza, en los que una piedra aparece en el camino y es más fácil saltarla que rodearla, aunque quizás finalmente optes por abrir un túnel. Y es que en eso se basa la vida, en la actitud frente a las peores situaciones y obstáculos. Porque si la vida te da palos te haces una cabaña, y si te tiran piedras, un castillo. Porque la mar en calma jamás hizo marinero. Y porque la diferencia entre el pensamiento y la realidad, siempre ha sido una cuestión de carácter.

Namasté

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Quizás pueda considerarse una maldición el ser esclavo de los actos que uno realiza. De los juramentos por Dios que he realizado y que se cuentan con los dedos de una mano, y por los que he llorado, luchado y sacrificado más de lo que pueda recordar. Pero todo vuelve, todo ocurre por alguna razón, quien se va es porque no hace falta, y lo que se hace se paga. Estas cuatro frases son quizás los pilares de una fe, de una religión que trasciende a la Santísima Trinidad o a cualquier deidad, a cualquier fuerza física. Que lo sobrepone y supera.  El Karma es el juez de todos y de cada uno de nuestros actos, es la energía que lo mueve todo y que se transforma de nuestros comportamientos y acciones. Es la responsabilidad de actuar cuando se deba actuar y por parte de quien tiene la capacidad de hacerlo. Porque quizás tenga razón Confucio cuando dijo eso del “no hagas a otros, lo que no quieras que te hagan a ti”.  En este día 12, en   esta noche de juramentos pasados, ahora cumplido

Tirar de alma

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Y te r esonarán los latidos en los oídos, el sudor te nublará la vista y el tacto estará dormido tras la dureza de las manos. Tus oídos estarán embotados y tu gusto a la merced del sabor a óxido que deja la sangre en la boca. Y tu alma… Lo único  que jamás se podrá c ansar será tu alma, y no dejes que nadie la canse por ti. Aférrate a e lla como si fuera el último clavo ardiendo que  hay sobre la faz de la tierra, aprieta  los dientes hasta que chirríen y cierra los ojos hasta que no veas más que las estrellas del esfuerzo, y entonces tir a.  Tira con todo tu ser y empuja con toda tu carne, aprieta hasta que rompa y no te preocupes que tú alma hará que todo funcione, que todo encaje y que todo avance. Solo tienes que tener la voluntad de querer hacerlo.   Porque jamás pierdas la esperanza en ti mismo.  

Punto gordo

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Recuerdo las clases en el instituto, y los consejos previos a los exámenes de la selectividad en las que se nos decía que en el caso de no llegar a conjugar en un mismo punto dos elementos tangentes, aplicáramos el teorema del punto gordo. A saber: Haz más gruesas las líneas hasta que finalmente se toquen . El problema lo tenías cuando se te iba la mano y terminabas saliéndote de la frontera, cruzando las líneas infranqueables que nunca se deben cruzar. Y lo haces sin querer, porque obviamente lo que buscas es la mejor nota posible para poder entrar en esa titulación que tanto deseas, pero te patina el compás, la regla y el portaminas. En la vida por desgracia, rara vez se puede aplicar este enunciado. Porque al igual que en el dibujo técnico, corres el riesgo de salirte del plano. Así que te quedan dos opciones: o cambias de folio, o borras con sumo cuidado y vuelves a dibujar la tangente, recordando que si borras demasiado, porque errar es humano,   pero hacerlo continu

Pentatónica

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Por un momento todo se para. El tiempo pasa cada vez más pausado, líquido, tangible al tacto e incluso a la vista. Sentido especialmente por el corazón. Durante un instante todo queda tranquilo, sereno. Calmado. Durante ese instante encuentras la paz que tanto tiempo estuviste añorando tras alcanzar una de esas metas que tenías delante, y decides embarcarte en otra más. Casi sin tomar una bocanada de aire. En una nueva aventura que no deja de ser un escalón más por la batalla que tienes contigo mismo. Por lo que está por llegar.  Porque es como ese solo de guitarra eléctrica que marca la nota más alta de la escala pentatónica, como el arco que hace gemir las cuerdas del violín. Como la brújula que gira alocada buscando el norte y de pronto se para indicando un nuevo amanecer. Como las cuerdas vocales que vibran al pronunciar un nombre. Porque lo difícil siempre ha merecido la pena, y los robles más fuertes siempre han sido aquellos que han crecido con el viento en contra.

Un brindis por San Miguel

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Llega un momento en el que hablas por pura mecánica. En el que los nervios son tan fuertes que en lugar de un estómago tienes una caldera, y el fuego que antes dormitaba en tu corazón ahora se expande por todo el cuerpo. Es como el sonido que hace una botella al descorcharse, en especial una botella que lleva cerrada mucho tiempo. 17 años. Es esa liberación que te recorre el espíritu al soltar lastre y dejar detrás de ti la estela de tu paso. Es saber que se ha terminado una etapa del camino, y que otra espera tras el ocaso.   Porque las batallas que libra uno mismo en solitario son quizás las más difíciles, y también las que más curten el alma. Porque las victorias después de no ceder en cada derrota, en cada golpe contra la puerta que se negaba a abrirse, terminaron por tirarla abajo.  Porque como dice una antigua canción:   los sueños solo mueren cuando por fin se hacen realidad. Y hoy se ha cumplido quizás el más grande de todos. Un brindis por ello, y en especial,

La Operación "Guernica"

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Porque no es lo mismo quedarte quieto con la angustia y el temor escondido en el pecho, que gritarle al mundo lo suficientemente alto como para ahuyentar a todos tus demonios. Porque no es lo mismo el tener miedo que el ser un cobarde, ni el quedarte inmóvil en la noche que girarte sobre tus talones sabiendo que quizás, y solo quizás, sea lo último que hagas en tu vida. El miedo es libre y no se controla. Decía Picasso: «Yo de niño fui interno. Compartía dormitorio y encima de mi cabeza había una plancha con libros. Cogí uno. Lo abrí. Y una chinche se escapó. Tiré el libro. Oculté mi cabeza bajo las sábanas. Me puse a llorar. Y puede ser que es por cosas como estas que hay en mí, que pinté Guernica».  El miedo es un instinto que nace dentro de nosotros, que es innato, ligado a la supervivencia, que está instalado en la amígdala de nuestro sistema límbico y que nos hace temer y ponernos en alerta. El miedo no se controla, pero el ser valientes sólo es un acto que depende d

93 días

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Tres meses te dan para terminar un proyecto fin de grado, para organizar los presupuestos de un ayuntamiento de 5.200 habitantes y enfrentarte a una pandemia mundial desde la administración, para arreglar tu casa, para plantar un huerto, montar una piscina e incluso para terminar un libro, o casi. Tienes tiempo para bucear dentro de ti, dentro de lo que quieres y de lo que deseas, de lo que quieres que esté a tu lado y de lo que no quieres seguir aguantando. Tienes tiempo para valorar mucho más a la gente que siempre has querido, a la familia y los amigos de verdad, de esos con los que una caña de reencuentro ha sabido a la mayor de las victorias sobre una guerra que por ahora no tiene fin, pero que estamos ganando y vamos a ganar. Porque son los momentos que vivimos los que escriben nuestras historias en el subconsciente de los demás, los que marcan un camino con estela hacia el infinito. Son los momentos que te hacen sentir de nuevo y te salvan la vida. Y es que he nece

Playlist

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Como el hacerte una playlist con los temazos de toda la adolescencia y de tu pubertad. Como el descargar las canciones que te acompañarán en el final de este libro que implica toda una etapa y todo lo que ello conlleva, del final de la historia de los héroes que estaban destinados a proteger las puertas de Lugar-Olvidado. Porque sí, ya ha transcurrido prácticamente la mitad del 2020, y estos seis meses además de para aprender, han sido para quemar las naves, para cortar todos los cabos con lo que no quieres en tu vida y con lo que no va contigo. Para aprovechar el encierro con el fin de encerrarse dentro de uno mismo, y de encontrarse.  Para juntar en una coctelera un ancla, una pluma y el tatuaje de un corazón de león. Porque nunca hay que tenerle miedo a un nuevo capítulo en tu vida, aún cuando este nuevo capítulo, sea el primero de un nuevo libro. Si se acerca el final de esta historia, que menos que darle un final memorable. Un final cuyo eco resuene en el espacio

Demonslayer

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Será como los escalofríos que duelen, como los rayos que parten y como las olas que rompen. Será como la sierra del cuchillo, el filo del hacha, la punta de la flecha que atraviesa la diana. De los millones de futuribles que puedan existir, todos los pasados que dejas atrás te traen a ese momento. A ese instante donde admites que la nobleza no la da el nacimiento, la crean nuestros actos y nuestras acciones, los pulsos que aguanta el corazón.  Porque hay canciones que inspiran escritos y atardeceres que encumbran el alma. Porque no hace falta exorcizar a los demonios para dejar de tenerles miedo, tan solo necesitas sacarlos a bailar. A perrearles fuerte y duro, hacerlos sudar. Rompe los límites y lucha por lo difícil, que lo fácil lo consigue cualquiera, y no hay mayor placer en la vida que ver al propio mal temer tu sonrisa.

Morriña with you

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Porque apareciste para entender mis locuras y mi deseo de agua salada, mis quebraderos de cabeza y mis tormentos, con la única moneda de cambio que el de un abrazo por las noches, y un beso de buenos días. Porque me he dado cuenta de que es más fácil contar las estrellas del firmamento que los días que faltan para terminar con este encierro, porque hay más ganas de estar contigo que gotas de agua se puedan contar en el fondo del mar o en las nubes de una tormenta. Porque eres como esa película de la que conoces el final pero que cada vez que ves, te hace temblar de los nervios. Como el imaginar lo que sería un paseo de invierno por las calles mojadas por la lluvia de La Coruña. Como el echar de menos como nunca en tu vida lo has hecho.

Acero templado

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Es como una canción que vuelve del pasado y te recuerda lo que decía Squall Lionheart: Todo el mundo se cree el bueno de la película, pero no hay ni buenos ni malos, solo enemigos y aliados. Que vivimos en un mundo en constante guerra donde o matas o mueres, donde la acción genera más de una reacción y donde un estado de Facebook mal interpretado tiene más poder destructivo que Hiroshima o Nagasaki. Los ideales permanecen, sí, pero el mundo ha cambiado las reglas.   Porque hay quien sin poder ver lo que tiene delante con la mirada fija en un punto, solo puede bracear mientras se lo lleva la corriente. Porque siempre han existido causas que valen la pena, y quienes intentarán por todos los medios tirarlas abajo. Porque lo fácil siempre ha sido el gritar como una arrabalera a los demás, y porque hacer lo imposible, siempre ha tenido un punto rebelde. Por ser diferente, por seguir siéndolo. Por estar orgulloso de ello.

Semillas

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Todo principio tiene su final, aunque no nos guste aceptarlo. Tarde o temprano todo se acaba, todo llega, todo termina y también todo vuelve a empezar, de otra forma, sí. Pero comienza de nuevo. A veces no nos gusta tener que tomar esas decisiones, y en otras ocasiones, es el propio destino el que te obliga a tomarlas. Decía la Regla del Cuatro que todo es cíclico, pero que cuando uno vuelve al punto de inicio lo hace forma desfasada y no cayendo en el mismo lugar, como una espiral de se aumenta con cada curva y pasa por una recta que nace de su centro.  Que al igual que ese árbol que nunca podrá crecer a la sombra de otro más grande y que por eso lanza su semilla desde las ramas, jamás un sendero podrá ser recorrido dos veces de la misma forma. Y porque seguir el camino trazado, tan solo te llevará por los senderos que otros ya recorrieron.

Adamas

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Se dice que los diamantes son pequeños trozos de carbón sometidos a alta presión y temperatura durante millones de años. Que son los restos de meteoritos que chocaron contra la tierra antes de que el mundo fuera llamado mundo, y que no hay elemento más duro en la naturaleza. Se dice que lo que no te mata te hace más fuerte. Que el dolor, sufrimiento y sacrificio no son más que el ABC de quien siempre aspira a algo grande y que no se conforma con lo que tiene. Que lo superlativo es el tercer apellido de un nombre que de por sí tiene más letras que estrellas en el cielo.  Y supongo que ahí es a donde uno debe de aspirar a llegar. Hasta que las estrellas dibujen tu nombre con la única intención de que la pasión y el inconformismo sean la gasolina de tu motor. Que sean la explosión de tu vida. Que sea el brillo de un diamante que mucho antes no llegaba ni a ser un triste trozo de carbón. Presión y temperatura; La clave siempre son la presión y la temperatura.