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Haz historia

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Aférrate a los retos como si se trataran de clavos ardiendo, motívate hasta el punto de no poder dormir pensando en los planes y proyectas que tienes por delante. Sueña. Sueña mucho, a lo grande y sueña bien, porque todo el mundo antes de ser alguien en la vida, soñó serlo.
Quiérete mucho, maricón. Sí, es el título de un libro de Gabriel J. Martín, pero también es una verdad como un templo. Quiérete a ti antes que a nadie. Quiere a tus sueños y esperanzas por encima de todo, y no pierdas de vista nunca la estrella Polar.
Déjate guiar por los sentimientos y por los impulsos, por los tuyos, por los de nadie más. Acepta consejos, pero nunca aceptes lecciones por parte de quien nunca se ha ganado nada a pulso, y jamás renuncies a tu naturaleza. 
Sigue hacia adelante. Que cuando el cansancio llame a la puerta a las 2 de la mañana, dile que se tome un café y que estere un par de horas más. No desfallezcas, no te rindas, porque si los sueños se crearon para ilusionarnos, el esfuerzo es la mate…

Ideales a fuego

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Siempre me he tenido por una persona que de lo malo saca lo bueno, y de lo bueno, lo mejor. Que siempre mira hacia adelante, que asume las consecuencias de sus actos, y que actúa siguiendo los dictámenes de su corazón y de su instinto.
Siempre he creído en la defensa de los ideales de cada uno como la base de cualquier acción, tanto en la vida como en la política. Que uno jamás debe de fallarse a sí mismo, que debe ser transparente, ir de cara, sin miedo, y sin perder el norte por muy dura, fuerte e intensa que sea la tormenta. 
He tenido la enorme suerte de encontrar en esta vida a personas increíbles, de haber sabido escoger bien a mis amigos, pero sobre todo, he tenido la suerte de tener una familia que me ha inculcado valores claros y decididos como son la honestidad, la defensa de la libertad, y el cariño y la pasión por cada proyecto que emprenda.
Que de lo que haga de mi vida, sean mis actos y no mis palabras los que hablen.
Jamás, nunca, renunciaré a un objetivo. Nunca bajaré la m…

Sangre salada

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De nuevo a sentir el frío en los pies hasta el punto de no mover los dedos, de no sentir las articulaciones, y que el vaho que sale de la boca se congele en el medio de la noche. De las piernas reventadas y de los brazos incapaces de levantar.
De nuevo a sentir como se endurecen las manos, a verse el reflejo en la pantalla mientras caen los segundos y tu compañero sufre a tu lado. De cazar olas mientras el granizo te acribilla la nuca. 
De nuevo a sentir el pulso en la boca, a cruzar las aguas, a vivir en el crujir de los estrobos, de las respiraciones al unísono, y del dolor conjunto que resopla bajo el agua caliente de la ducha.
Porque esto es lo que uno decide ser y no algo para lo que valga cualquiera. Es algo a lo que nunca se podrá renunciar. Porque somos como somos, y así seremos hasta que nos vayamos al otro lado. Porque va en la esencia de uno mismo el no renunciar a la esencia.
Porque tenemos sangre salada.


Seguir adelante

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Y hay días en los que ya no puedes más.
Que por muy organizada que tengas la agenda, que por muy planificado que tengas todo, el tiempo llega a donde llega. Es ahí, como en los entrenos y en el mar, cuando se ganan las regatas. Cuando el que persiste es el que vence.
Cuando lloras de la impotencia y de la rabia, cuando te hundes en el llanto por estar tan cansado que no encuentras otra salida al estrés que sentarte a llorar en una silla con la música en los cascos, es ahí, en ese momento, donde está la diferencia entre los que ganan y los que pierden. Entre los que llegan lejos y los que se quedan atrás.
Porque sigues adelante. 
Vences al cansancio y cierras los ojos para seguir adelante. Ya habrá tiempo de dormir cuando estemos muertos, pero que jamás se nos eche en cara que no hemos dados hasta el último ápice de nuestra alma por un sueño, por un motivo y por una razón.
Porque quien sueña grande se enfrenta a grandes desafíos, especialmente el de vencerse a sí mismo. El de no renunciar …

Raíz

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Es esa sensación de que casi te cuesta respirar. De que te cuesta levantar los brazos porque están muertos. De que durante ese espacio de tiempo no importa otra cosa que ganar la batalla que tienes contra ti mismo.
El pelo mojado golpeándote en la frente. El sonido de las pisadas del grupo al unísono contra los charcos. El silencio solo roto por las respiraciones acompasadas bajo la fría noche. Bajo un cielo plagado de estrellas sin luna. 
Ese olor característico que impregna las paredes de la que es, al fin y cabo, tu casa. Esa sensación de no sentirte solo sin necesidad de articular palabra. Esa causa común compartida bajo la piel y que cala tan adentro. El estar muerto y seguir adelante. El espíritu de sacrificio que hay detrás de tantas horas, sangre y sudor.
No puedo creer que echara tanto de menos esa sensación; la del aire frío del invierno. La indescriptible sensación de libertad.



Endstart

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Las etapas están para quemarlas. Nunca sabes hasta que punto, y de hecho te has dado cuenta que de nada sirve planificar algo. Si está para ti, estará.
Existe el sacrificio, el trabajo, el tener que hacer renuncias a muchas cosas sin saber si estás haciendo lo correcto o si estás llevando tu vida hacia donde la quieres llevar. Ya no eres un niño, ni un adolescente, y las decisiones que se toman desde hace unos años han dejado de ser un cheque en blanco con el karma.
Ahora las mediciones ya no están en el pulso de la carótida o el sudor en la frente. En la música que retumba en los oídos y el compás de la épica latiendo en el corazón. 
El temor hace tiempo que se quedó dormitando bajo una piedra cuando se tomó la decisión de ir hasta el final, hasta el punto de no retornar y decidir que el todo o nada era lo único que importaba.  
En ocasiones, es necesario un corazón cargado de valor para ponerle el punto y final a una historia, y cada historia tiene un final, pero en la vida, cada final …

Mija'el

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La vida te curte.
En ella aprendes muchas cosas, y las hostias especialmente duras, son las que más enseñan, las que endurecen el carácter, y las que te ayudan a seguir adelante. A veces las hostias vienen de donde menos te lo esperas, y quizás estas sean las que más duelen, pero no hay hostia que duela más, que la que se da uno mismo por no defender en lo que cree.
No, el idealismo no ha muerto siempre y cuando haya quien esté dispuesto a defenderlo; A seguir los dictámenes de su propio corazón. A no fallarse a sí mismo. A no dejar en la cuneta aquello que el espíritu de tantos kilómetros y horas robadas a los tuyos forjó. 
Los valores que te dieron tus padres, tu familia, lo que la vida te ha enseñado, está por encima de cualquier aborto de intento de abrazar una cota de poder a base de chantajes, juegos de sillas o imposición.
Cabeza muy alta, y haz honor al nombre de esta página que lleva acompañándote durante casi una década, cumpliendo el dictamen de tu corazón. Es la hora de abri…