Con altura
Hay personas que llegan alto por ambición, por reconocimiento o incluso por ego. Pero quienes permanecen arriba durante mucho tiempo suelen estar movidos por algo diferente: y es que sienten que no pueden permitirse aflojar porque saben que otros observan, dependen o, quizás, se inspiran en ellos. Cuanto más subes en la montaña, menos oxígeno hay. Menos gente entiende lo que estás viviendo, menos espacio tienes para las quejas y, muchas veces, el precio se paga en silencio mientras desciendes para coger aire y no morir de éxito. Sin embargo, creo que quien se encuentra en esta situación no se exige más que nadie porque quiera demostrar algo; se exige porque ha convertido la excelencia en un compromiso consigo mismo. No compite con nadie; compite con la versión en la que podría convertirse. Y lo hace porque ya no persigue una recompensa externa, sino porque quiere estar a la altura de sus propios valores. Porque sabe que bajar el listón una vez es sencillo, pero recuperarlo desp...