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Cuerpo de escombro

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El pelo es como una casa vieja que estás arreglando.

Picas las paredes para dejarlas al aire, retiras lo viejo y dejas solamente los cimientos, los que la mantienen en pie. La estructura con la que nació y permaneció erguida todos estos años frente a temporales, terremotos y el paso del hombre.
Pero no tiras ese escombro. Lo empleas en las nuevas construcciones. Usas los restos de lo viejo para seguir levantando lo nuevo. Para asentar cimientos y rellenar bloques de hormigón. Para mantener la esencia de lo que siempre has sido por dentro, aunque te cambien por fuera. 
Porque te podrán cortar todo el pelo que quieran, que este seguirá creciendo, y tú decidirás si te lo cortas o te lo dejas viento, que como dice esta canción: moriré viviendo igual de libre que mi pelo.
Llegarán momentos duros, más duros de los vividos y de los que pensaste que podrías vivir, pero saldrás adelante. Porque quien nunca se rinde mientras va de fracaso en fracaso, no se topa con la victoria por pura casualidad.…

Lo que nunca falla

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Todos nos sacrificamos, algunos más que otros, pero todos y cada uno de los que comparten este viaje compartimos algo que va inherente en el carácter de las personas, en las causas que engrandecen el corazón porque se tiene la certeza y la confianza que son causas justas, verdaderas y sentidas.
Que las horas que les robamos a los nuestros para esto, son horas que tienen un sentido y un fin. 
Que las lágrimas en las derrotas no fueron otra cosa que los bloques sobre los que construimos cada día de nuestra esperanza, y que las decepciones y las frustraciones, en muchos casos con uno mismo porque nunca se sabe si uno puede dar más de sí, son la argamasa que lo aguanta todo.
Pueden fallar las esperanzas depositadas en el azar, el creer que el sacrificio tiene que ser recompensado como si la vida entendiera de estas cosas y no fuera injusta en ocasiones, y en otras nos devolviera el favor. Fallan las ganas en ocasiones, y las fuerzas en otras. Fallan los astros y los designios. Todo puede fal…

A letra de alma

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Una de las grandes putadas que puede tener esto de escribir, es el quedarte en blanco a la hora de escribir algo importante. De esos momentos en los que quieres escribir algo verdaderamente importante pero no logras encontrar las palabras adecuadas ni la forma de transmitirlas.
No salen, y no es porque estés en blanco, ni por los nervios, ni por nada que se le parezca. Es curioso que así sea como me encuentre después de prácticamente toda una vida escribiendo, pero supongo que son las cosas que uno nunca se espera y que acaban surgiendo. 
Aquí ya no sirve la improvisación, ni hablar con lo primero que se te pase por la cabeza, o tan siquiera por el corazón. Es uno de esos momentos en los que ya no sabes con lo que escribir, y es cuando te das cuenta de que los dictados de tus actos ya no tienen que ser relatados por los dedos de tus manos, si no con las palabras que te murmure alma.
Por una vez, aquello que escribas, que sean versos de alma, sentimiento y de puro amor.


Segundo a segundo

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No, nadie dijo que fuera fácil. Que fuéramos impecables y perfectos. Tampoco nunca nos lo creímos. Tenemos la fe suficiente como para saber que la única religión que hay en esto es el sudor de la frente, las durezas de las manos y la esperanza en la brisa marina.
Todos los golpes dejan marca. Unos más que otros, pero todos dejan marca. Son los que marcan el carácter, los que crean personalidad y los que te hacen diferente. Único. Alguien normal. Los que decantan quien piensa en seguir adelante o quien se da por vencido. 
Nadie regala nada, y si algo tenemos claro, es que siempre hemos sido de los que les gusta ir a la guerra, de los que se arman con un cuchillo en los dientes y una metralleta a la espalda, de los de la bandana en la frente y la sonrisa como marca de identidad. De los que nunca dejan un compañero atrás y la lían parda si alguien nos dice lo contrario, porque somos la familia que escogimos ser.
Somos quienes tienen el derecho propio a llamarse amigos y camaradas, quienes …

Un Fa sostenido

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Existen carreras que son más de fondo que de explosión. Donde la mentalidad es la parte más importante de la partida en la que si no tienes bien entrenada la cabeza, los golpes acaban por dejarte en la esquina del cuadrilátero. Porque en esto un flaco puede darle una tunda a un armario de dos metros y curtido en decenas de gimnasios con una sola frase.
Esto es como los Fa sostenidos en la ópera, como las cuerdas vocales vibrando hasta el extremo en el que fraccionan el cristal. Hasta ese instante en el que la resonancia con los latidos del corazón te eriza la piel y te hace asumir los retos más increíbles que puedas imaginar. 
Porque pensar en uno mismo no es egoísta, porque el orgullo en determinados momentos es lo único que tienes para seguir en pie, y porque en ocasiones, la humildad no termina de ser la excusa de los inseguros.
Porque cuando es cuestión de ser uno mismo y de luchar por tus sueños, la nota más alta es aquella que logramos anteponiéndonos a las adversidades y a nosotro…

Cambio de verbo

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Cree en ti. Hazlo. En eso reside la auténtica fuerza, en la confianza que tengas en ti mismo para hacerle frente a lo que venga. Porque si miras hacia atrás, siempre has superado esas barreras que parecían infranqueables, siempre has logrado anteponerte a lo difícil para hacerlo complicado.
No existen grandes remedios ni soluciones rápidas en terapias de coaching, existe la fuerza que subyace en cada uno de nosotros para sacarnos del agujero. En la resistencia a los golpes, en el no decir “puedo hacerlo”, si no en “voy a hacerlo”. En estar siempre buscando una salida aún cuando tengas el cartel de “Exit” sobre tu cabeza. 
Porque quizás haya cosas que no salgan como esperabas, pero no te equivoques, cuando eso suele ocurrir, es porque se avecina algo mejor que lo esperado.
Porque si sonreímos es porque nos anteponemos a las adversidades, y el luchar por ser feliz, es el único objetivo por el que realmente vale la pena luchar.


Fe

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Llegará un día en el que nos encontraremos ante la tumba de la esperanza. Ese instante en el que la pesadumbre sea una carga tan dura que cerrar los ojos para dormir sea la única salida que veamos, que las manos ya no te respondan a ti, si no a los propios espasmos fruto del cansancio y de los sinsabores.
Llegará un día en el que el alba se alzará teñida de rojo sangre. Ese momento en el que los sueños se caen hechos añicos de cristal y despertamos para sumirnos en la pesadilla. En el descontrol que tenemos por vida y que no somos capaces de controlar, porque nos sobran cabos y nos faltan noráis en el puerto. 
Y cuando llegue ese día tienes que recordar que la vida no es justa, y que solo aquellos que saben sufrir son quienes acaban llegando a la línea de meta. Que todo lo malo acaba pasando si uno es capaz de sobreponerse y que nada está perdido, mientras haya quien siga creyendo en ello.
Porque a veces no hay mayor salto de fe, que el creer en uno mismo.