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El son de Notre Dame

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Cuando formas parte de la generación Disney recuerdas todos esos lugares que te encantaría visitar para sentir que sigue ahí el niño que creció contigo. Que se oculta en esa parte dentro de ti y que de vez en cuando susurra tu nombre para recordar que aún no ha muerto. Que sigue vivo en ese lugar reservado para los momentos que te forjan.
Y fue imposible no recordar esta tarde, mientras veía las imágenes de la Catedral de Notre Dame siendo pasto de las llamas, la canción de una de esas películas que he visto hasta la saciedad, cuyo VHS se guardaba entre "El Rey León" y "La Bella Durmiente" y se repetía en el vídeo más que el ajo en los filetes de pollo. 
Porque ese emblemático edificio era el corazón de una gran película. Esa película que te enseñó que el ser diferente y el llevarlo con orgullo, era el camino correcto para ser feliz. Porque aunque el fuego la quemara hasta sus cimientos, hasta dejar a la piedra desnuda desprovista de toda su historia tras haber sobre…

Saltar

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Imaginaos que estáis en un bajo, en una zona que tiene dos metros y medio de alto, y tenéis una cama elástica. Que tenéis ese receptáculo de escasos dos metros cuadrados donde se condensa toda vuestra infancia y preadolescencia, donde las canciones de Camela hacían eco de las carcajadas con los colegas que saltaban en la lona de al lado y el tiempo transcurría sin prisa, pero sin pausa.
Imaginaos ese momento en el que te toca asumir que has crecido, que ya no eres ese niño despreocupado pendiente de Pokémon o Digimon, que ahora lo importante son las oposiciones y tu rumbo. Pero te ponen una cama elástica delante. Con esos dos metros y medio de alto en los que si te pasas saltando acabas reventando el techo de pladur. 
Y es que al final te da absolutamente igual, porque conectas con lo que siempre has sido: ese crío con la paga de los abuelos que se la fundía en el tiro para conseguir petardos. El que se colaba en plena noche en las obras para dar su primer beso, o el que tenía como ofic…

Ajedrez

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Dicen que cuando crecemos nos tomamos las cosas más en serio. Que maduramos y asentamos ese nervio que tenemos dentro y que en algunos casos nos hace más eléctricos que la propia electricidad.
Dicen, y no sin tener razón, que la juventud va ligada a ser como esas ramas de árbol recién cortadas, por lo de que la gente joven es leña verde y todo humo. Pero también va ligada en la pasión y la intensidad con la que decides vivir el momento, con las ganas y la fuerza que le pongas a algo en lo que creas desde el primer minuto. Desde ese instante en que dices un “Te lo prometo” y pones toda tu intención, fuerza y valentía en llegar hasta la meta. 
Y vale la pena. Por muchos motivos, pero quizás el mayor de ellos, sea el saber que has cumplido con tu palabra. Que has logrado tu objetivo, pero que lo has logrado con perseverancia, trabajo duro, y sin deberle nada a nadie más que a ti mismo.
Por todos esos momentos de zozobra, por todos esos instantes y sonrisas. Por todos aquellos momentos en lo…

Impas

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Como la tensión que respiran las notas cuando el arco desgarra el violín. Como el momento en que la gota de agua rompe la superficie y devuelve su reflejo resquebrajando la quietud. Como ese instante en el que el café comienza a salir de la cafetera y el burbujeo revienta el silencio del comedor.
Así, con la virulencia del cambio de las estaciones y el ímpetu que brota desde el pecho, la sangre recorre la sien cuando estás a punto de soltar una de esas sentencias que condenan al ostracismo una acción. Y son cómo funcionan los impulsos y las decisiones que se toman desde el corazón, y sin la razón como compañera de viaje. 
Y también porque a veces nos encerramos en nosotros mismos dándole vueltas a problemas que se solucionan con un simple “que te den por el culo”. Esto no lo dijo Paulo Coehlo, pero seguro que lo pensó.




Elevación

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Con los años aprendes muchas cosas, pero especialmente, aprendes a ser paciente. Aprendes como escritor a tomarte tu tiempo y a no publicar lo primero que se te pase por la cabeza, porque con dieciséis años, cuando medio empecé en este mundo, lo importante no era lo bien que quedara, lo que quisiera transmitir o que tuviera un mínimo de cero faltas de ortografía.
Por aquellas lo importante era más la cantidad que la calidad, y resulta curioso cómo han pasado los años y aquí sigue esto, pero con las tornas cambiadas. Con algunos libros encima, sí, pero también aprendiendo a rezarle a la inspiración para que cuando llegue tenga a mano las notas del móvil si no me pilla con un ordenador cerca, o que la imaginación, como de costumbre, siga igual de desbocada que hace una década. 
Decía Sócrates que el secreto de los cambios no es enfocar todas tus energías en la lucha contra lo viejo, si no en la construcción de lo nuevo. En algo que te cambie para mejor, que ilumine el camino ya no solo p…

A golpe de latido

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Nunca sabes si las decisiones que tomas terminan siendo las correctas o no. Al fin y al cabo, todos y cada uno de nosotros somos las decisiones que tomamos, con las que dormimos cada noche, y con las que nos levantamos cada mañana.
Son las que nos hacen llorar en el momento que se toman cuando son difíciles, porque las decisiones difíciles son las que realmente acaban curtiendo el carácter. Las que te forjan como persona y las que te enseñan a crecer durante tu propio camino.
De vez en cuando, en ese camino, te encuentras esas bifurcaciones en las que tienes que elegir cuál es el sendero que debes tomar. La decisión es tuya, y aunque desde pequeños nos enseñan a no fallar, a ser los mejores y los que más saben, hace tiempo que has renunciado a querer ser el mejor para contentarte en simplemente ser feliz. 
En sonreír cada día porque nunca sabes cuándo será la última vez que lo hagas.
Supongo que es como cuando pides una canción para escribir una entrada, y acabas encontrando una que en su…

Onda luminiscente

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Nunca dejas de admirar las sorpresas que te da la vida, al igual que nunca llegas a conocerte a ti mismo.
Piensas que te conoces hasta el fondo, que tú más que nadie sabes lo que harás en cada momento y con cada decisión, pero cuando llega ese momento en el que tienes que tomar la decisión que crees que es la correcta, te sorprendes haciendo aquello que has hecho siempre: guiarte por el corazón.
Las mentes pensantes dirán que se trata de una locura, que es la mayor de las locuras en las que te has embarcado, aunque ciertamente ya llevas unas cuantas. Que seguir adelante conlleva dificultades y contratiempos, pero todo lo que vale la pena los conlleva. Uno siempre debe ser consecuente con sus actos. Hasta el final. No, hasta el final no. Siempre. 
Quizás sea un regalo de cumpleaños inesperado, o tal vez esa madurez que llega un poco tarde. Quizás es como en una de esas grandes canciones que se han escrito a lo largo de la historia en la que rezan que “los hombres sabios dicen que solo lo…