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Entrepuntos

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Aparecen de la nada esos retos que te cambian la vida. De los que tienes que sacar el tiempo de debajo de las piedras porque el día tiene 24 horas por mucho que quieras hacer de ellas 36. De esos momentos en los que sales a correr con el rocío bañándote la cara y mezclándose con el sudor.
Ahora que los retos ya no se acumulan, si no que prosiguen. Que las metas han cambiado porque como buen gallego se han movido los marcos para coger un poco más. Para ir a por algo más grande de lo cosechado, con el único objetivo de no dejar de correr con la mirada fija en el mañana que vendrá. 
Todos hemos nacido para morir, lo que nos diferencia es lo que cada uno decide hacer mientras este último momento no llega.
Porque ya no es el olor del salitre del mar, de la leña ardiendo en la cocina, de los dedos rozando el papel mientras la tinta se fija en él, ni las melodías que nacían con las teclas del ordenador contando una historia; es el descubrir otro sendero que se abre en el camino, que la posada h…

El regreso de la diosa interior

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Y apareciste de nuevo, en un rincón del alma.
Apareciste en uno de esos momentos en los que más lo necesitaba, como esa enorme bocanada de aire después de salir de debajo del agua. Justo en ese instante en el que rompes con la superficie y abres la boca para absorber la brisa helada del invierno.
Siempre has estado ahí. En ese hueco oscuro, frío y cerrado en el lado derecho, a la altura de las costillas flotantes y al que hacía años que nadie bajaba. Y allí te encontré: encadenada en la humedad de la noche, con tus muñecas ensangrentadas por el roce con los grilletes y los ojos cansados de llorar. 
Y es que cuando miraste de nuevo a la luz, cuando se abrió la puerta, se me partió el alma al ver tus ojos azules como el mar Circasiano enrojecidos como el Hades, y caí en la cuenta de cuánto te había echado de menos, de cuanto añoraba la compañía de esa diminuta diosa interior.
Desempolva de nuevo tus maracas, pequeña. Que ha llegado la hora de volver a bailar. Depílate las piernas y ponte t…

Luna roja

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Y llega un momento en el que cruzas la meta. En el que logras llegar. En el que después de tiempo luchando por causas perdidas las terminas ganando, ese instante en el que después de la euforia, asimilas que se terminó ese sendero. Has obtenido uno de los medios necesarios para un fin, pero se acabó.
Ahora es como un vacío. Como el famoso clavo que Rosalía de Castro se arrancó del corazón. Como la inexistencia de un tiempo pasado que acabó marcando el futuro. Como la cara oculta de la luna, a la que nadie nunca logra llegar, donde se acaban las comunicaciones, la conexión, y el tiempo deja de existir. 
Dicen los viejos de la vida que cuando empiezas a pender de un hilo, es cuando realmente comienzas a rendir, y quizás me he acostumbrado a caminar por el borde durante tantos años que el haber dado un paso hacia atrás para salvarme del precipicio, haga que parezca que mi vida se ha parado.
Pero siempre hay y habrá nuevas metas por conquistar. No porque el mundo haya dejado de parecer tan g…

Lionheart

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Como el cosquilleo en la nuca cada vez que pronuncias la palabra “Lemuria” y recuerdas el Sol Dorado.
Exactamente igual a esa sonrisa de quien se ha ido cuando te veía entrando por la puerta de la cocina, o los ojos cargados de orgullo de quien una vez, antes de partir, sostuvo el primero de muchos libros.
Es como lo que sintió Squall cuando se reconoció a sí mismo lo que sentía por Rinoa, o cuando Efrén besó por primera vez a Lady Anna, o la muerte de N. Du Heller. Como el recibir la última luz verde de la carrera y conseguir un objetivo por el que tus amigos y tú habéis luchado durante años en 24 horas. 
Como la brisa de la Mar pegándote en la cara y el recuerdo permanente de quien te enseñó a caminar sobre el agua, o el olor a la sopa recién hecha y que reconoces nada más poner un pie en casa. Cuando se te van las cañas de las manos y los cubatas de los dedos, y ya ni hablemos de los dados jugados al chupito del azar.
Cuando has vivido todo aquello por lo que una vez soñaste, y tomas l…

De A hasta B

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Caos. Todo parece que es un maldito, absoluto y caótico desastre. Que la burocracia son losas de granito que cae una detrás de otra, que la realidad te da golpes que te dejan con las mejillas sangrando, que nunca llegas a entender cómo se podía tener tanta “pachorra” con todo lo que hay que hacer.
Ahora empiezo a comprender cuando en los libros de los veteranos en esta materia dicen que es impagable el apoyo de la familia. De aquellos a los que robamos tiempo para dedicárselo a este caos. A intentar poner un poco de orden y a mejorar; Con la única ambición de mejorar y de hacer que todo vaya hacia adelante y un poquito mejor. Esto es duro y exigente, y quien no se exija y caiga en el conformismo, cava los primeros metros de su tumba. 
Creo que nunca olvidaré la sensación de esta mañana. De estar sentado alrededor de una mesa con amigos pensando en el futuro. Pensando en ilusiones y en proyectos, en un mañana que está por llegar y que puede llegar. Con trabajo, tesón y sacrificio, que pu…

Semillas de Invierno

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Decía un profesor mío, y curiosamente no hace mucho dijo algo similar un político gallego, que lo que le legamos a nuestros hijos es nuestro apellido, y que cuando lo hacemos, podemos hacerlo de dos formas: O como personas que trabajaron duro, honradas y luchadoras, de fuertes convicciones y de palabra, o podíamos ser un apellido más que se pierde entre la multitud de nombres que hay por el mundo.
Convicción. Vivimos en un mundo donde por desgracia esta palabra cada vez pierde más su sentido.
Anteponer el interés general al bien de uno mismo, anteponer el defender a los tuyos hasta las últimas consecuencias, ese es el último baluarte que existe hoy en día para ir por la calle con la cabeza alta, y jamás se deben olvidar esta clase de actos, porque aunque no nos lo creamos, son los actos que transforman a la sociedad.
Cuando uno planta una semilla, nunca sabe si a pesar del esfuerzo, del trabajo y del sacrificio que ha realizado para comprarla, va a dar sus frutos cuando esta florezca. Si…

Lo que es

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Con todo lo vivido, lo intenso de los últimos días y todo lo que queda por vivir, no tenía muy claro que era lo que quería escribir. Lo que quería expresar o tan si quiera lo que sentía en un momento dado. Solo he tenido claro que el amor, la amistad y la valentía de creer, son los culpables de haber llegado hasta aquí, de no haber arrojado la toalla y de seguir sumando compañeros de viaje.
A lo largo de este camino, de todos los años, de los golpes y las sonrisas, he aprendido que la gente herida; hiere, y que la gente curada; cura. Que la gente que cambia para bien ayuda a cambiar a la gente, así como aquellas personas que viven amargadas; amargan. 
Son las decisiones quienes nos curten el carácter, quienes nos hacen ir con la cabeza alta por la calle sabiendo del sacrificio de todos aquellos que nos rodean para apoyarnos en algo que está por encima de cualquier entendimiento. De cualquier lógica. De cualquier razón.
Tengo la confianza de que hay momentos duros que acaban pasando. Teng…