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Mostrando entradas de 2024

Tà eis heautón

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Nunca es fácil reconstruirse. Nunca es fácil destruir una parte de lo que eres hasta los cimientos para levantar una nueva torre en el castillo; llegar hasta las entrañas de la tierra para que los pilares agarren y puedas elevarte más alto. Es desgarrador, solitario, triste y duro, es el paseo más oscuro en la noche sin luna que tendrás que dar. Pero cuando te acostumbras a la oscuridad, todo termina por volverse luz. No puedes apurar la transformación de un gusano en mariposa, ni de una semilla en un árbol. Todo tiene su tiempo, su espacio y su velocidad; todos tenemos nuestro tiempo, nuestro espacio y nuestra velocidad y, en ocasiones, si algo en verdad te importa, lo único que puedes hacer es ver crecer la hierba. En el libro segundo de las “ Meditaciones ” de Marco Aurelio, el emperador decía que cuando un anciano y un niño mueren, a los dos se les arrebata lo mismo: el presente. No podemos vivir ni en el futuro ni en el pasado, porque no somos sus dueños, y lo único que es r

Piedra y agua

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Sabes que el ciclo ha terminado una vez lo terminas, y no antes. Es como un ligero mareo cuando te despiertas por la mañana, que no se desvanece después de hacer la rotación del cuello para estirarte. Porque un día te levantas y estás completo. Por fin, y después de tanto tiempo. De años de luchas y de batallas internas.  Simplemente lo sabes. No sabes el cómo, pero lo sabes. Lo notas en la contundencia de las palabras que apoyan a los actos, en la claridad de la mente tanto en lo que tienes, como en lo quieres y, lo más importante, en la forma en la que quieres vas a conseguirlo; y es que, a pesar de todo, eso no ha cambiado: Las carreras de fondo, el no rendirse, el seguir al corazón. Todo esto, siempre ha valido la pena. Hemos llegado hasta este punto porque en la balanza entre el corazón y la cabeza, aún en constante equilibrio, siempre ha ganado la pasión a la razón. Y que, para luchar bajo el orballo, siempre se entrenó en medio de la tormenta y el barro. Renace una y otra

Silencios de corchea

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Hay una mala frase que dice que “el camino de los cobardes es quedarse callados”. Digo mala, porque el problema es que en ocasiones te quedas callado cuando no te salen las palabras. Cuando no sabes qué decir. Cuando no sabes dar marcha atrás porque pudo más un razonamiento idiota que el latir del corazón, y a veces es mejor el callarse que abrir la boca. Somos los amos de nuestros silencios y los esclavos de nuestras palabras. Esto es algo que vas aprendiendo a base de hostias. Nunca le podría reprochar nada a quien tiene el valor de vencer un miedo. A quien tiene el valor de ir a un lugar al que lo llama el corazón anteponiéndose a lo que opinen los demás, por absurda que sea la forma que tenga de acercarse. Por largo o corto que tenga que ser el rodeo. Porque el simple hecho de que pienses que algo es imposible, hará que sea imposible. Las limitaciones, para todo, siempre son las que se impone uno mismo. Que no se trata de vencedores o vencidos, de quien tenga o no la razó

Viento de guerra

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Valor&Coraje nació como consecuencia de la influencia que tuvo el “estoicismo” y la escuela de pensamiento de Zenón de Citio sobre este autor; sobre la capacidad que tiene el hombre de no poder controlar lo que sucede a su alrededor, pero sí sobre los pensamientos y los actos que se realizan como consecuencia de esos eventos ajenos a su voluntad. Y eso es lo que nos ha traído hoy aquí. A esos momentos en los que la vida te pone a prueba de una forma tan grotesca que no sabes cómo actuar. A esas guerras que no esperabas librar pero que, preparado, o no, te toca hacerlo. Ya no sólo por ti, si no por tu familia y la gente que realmente te importa. De igual forma que Simba tuvo que asumir su rol en el ciclo de la vida tras recordar quien era, hay momentos en los que nos toca pasar por lo mismo. No es el papel que te gustaría, pero es el que la vida tenía reservado para ti. No es por ti, es por quien lo necesita. Porque por difícil que sea, no se deja de combatir por aquello que

Juramento

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- Hace un año te juraste volver a vivir pero, ¿a qué precio? - Al que hiciera falta. Y aunque no tenga liquidada todavía mi deuda, me empeñaría de nuevo hasta el cuello para hacerlo.

Plumas de plata

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Hay una parte sincera en eso de que, sin dolor, no creces y que, sin metas, no avanzas. Que no es cuestión de tener talento, si no de empujar más fuerte. De trabajar en ti hasta lograr una mente estoica, un cuerpo de atleta y el espíritu del guerrero. De que, si el barco se hunde, lo transformas en un submarino. Que como decía Lavoisier en uno de los principales axiomas de la ciencia: nada se crea, nada se destruye, todo se transforma. Que se ha roto el caparazón de Metapod para comenzar, por fin, la evolución hacia Butterfree. Que has aprendido que se trata de renunciar a llevar de nuevo una armadura puesta porque, en realidad, no protege de tantos ataques. O, por lo menos, de tantos como aparenta. De hecho, y pensándolo fríamente, sólo aíslan y destruyen. Esto es algo que aprendes con los años. Por eso los magos llevan túnicas que se doblan bajo el viento estival, de igual forma que los corazones de mimbre a los que cantaba Marea. De ser como las plumas de plata que se han bati

Diosa interior

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Hace años hubo una persona a la que le tenía un gran aprecio que se fue de mi vida demasiado pronto. Fue algo durísimo, algo que me enseñó a valorar lo rápido que pasa el tiempo y lo poco que vivimos sin darnos cuenta de ello. De los días que pasan más pendientes de pijadas varias que de sonreír de tal forma que los ojos brillen a lo Lola Flores, porque el brillo de los ojos no se opera. Esa persona me habló en su momento de la existencia de una diosa interior, de un ente que todos llevamos dentro pero al que no todos sabemos escuchar. Esa voz que, en ocasiones, nuestro cerebro intenta acallar con esa gaita de querer que todo sea racional. Hasta lo más pasional que exista. Esa deidad no tiene la misma apariencia para todo el mundo, de hecho, cada persona se la imagina de forma diferente. En mi caso, siempre he dicho que tenía el aspecto de Carmen Miranda con un enorme cesto de frutas en la cabeza, un buen par de maracas y un revólver Magnum.44 en el liguero. O quizás con un AK-47 e

Shiny Pokémon

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Para aquellos que somos frikis consumados, los shiny son esa rara avis que todo maestro Pokémon quiere tener en su equipo. Pero para aquellos que no estén versados en el mundillo de las frikadas, aclaremos que un shiny es una clase de Pokémon que tiene un color diferente a los demás. Por ejemplo, el mítico Gyarados rojo del nivel 30 que te encontrabas en el Lago de la Furia cuando todos son de color azul. Ese cambio de color se debe a que tiene unos atributos que están por encima de los de su especie; o más ataque, defensa, especial… Y eso es lo que los hace raros y llamativos. Lo que hace que todo maestro que se precie los quiera atrapar. Son raros, difíciles de conseguir y especiales. Los que fueron separados del resto por ser diferentes, y que con los años se hicieron más fuertes. Los shiny son como el vuelo de Moltres que vió Ash cuando empezó su camino, como el rastro de diamantes de agua que dejaba detrás de si Suicune, como el todopoderoso Aerochorro de Lugia. Como dic

Un buen corazón

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Hay cosas que puedes entender, porque hasta no hace mucho eras igual. El “yo puedo con todo” personificado. El roto que mantenía la grieta y se resquebrajaba sin romperse, hasta que llega un momento en que partes en cien mil pedazos. Ahí todo cambia. Ahí cambiaste. Cuando eso ocurre tienes dos formas de arreglarte: O con Loctite o con oro. El Loctite lo tienes en una ferretería. Disimula las grietas si todo encaja bien y cumple su funcionalidad. Te deja medianamente decente y nadie se entera de que se rompió en algún momento. Es homogéneo e igual para todos, al alcance de todo el mundo en cualquiera de las estanterías de cualquier supermercado. Pero luego están las reparaciones que se hacen con oro. Existe una técnica japonesa que se llama Kintsugi, que consiste en pegar las piezas visibilizando sus grietas, por donde rompió, haciéndolo más duro y diferente. Y eso es lo que lo hace distinto y auténtico. Lo que lo hace totalmente disímil a los demás; el no renunciar a lo que es o a lo q

Hogar

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Me encuentro en donde empecé hace algunos años, no como si viviera en un círculo, si no como si fuera una espiral. Aquí estoy, con la lista de sueños inalcanzables de los que ya he ido tachando alguno, y con un par de cicatrices más que brillan plateadas bajo el sol perezoso de la primavera. Vuelvo a mi hogar después de haber pateado medio mundo. Después de haber visto y experimentado en un puñado de años varias vidas del común de los mortales. He vivido rápido, sufrido, luchado, viajado y reído. He llorado hasta quedarme vacío. Y no me arrepiento ni de la mayor de mis meteduras de pata porque, gracias a ellas, sé lo que sé. Soy lo que soy. He aprendido más que nunca a valorar la soledad, lo que es capaz de hacerte y hasta donde puede llevarte. A valorar lo que es dormir a solas en una cama de 135. Y cuando aprendes eso, aprendes también a escoger la clase de personas a las que permites que perturben la tranquilidad de tu cuarto. Porque en ese espacio, no entra cualquiera. Si antes

Voladuras de cabeza

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Hay una parte de ti que tiene ganas de acabar de una puta vez con algo que se parece a una travesía en el desierto que tienes para contigo mismo. Que te haces fuerte porque, en ocasiones, sólo tienes un camino delante de ti, y no tienes más huevos que seguirlo; porque no te queda otra que hacerlo. Porque no queda más que cerrar los ojos y luchar hasta que se haya roto la última flecha y enfundado la última espada. Esto fue lo que escogiste por decisión propia. ¿Recuerdas los videojuegos que se ponen jodidos y vuelves a intentarlo? Pues la vida va de lo mismo. Que como escribió Andrés Ixtepan: A mí me gustan los retos, como tú, pero dime, ¿te gustan los perseverantes? Las personas cambian, y nunca te haces la idea de hasta qué punto. Ni tampoco te haces una idea de cuanto pueden llegar cambiar si algo, o alguien, realmente importante, les vuela la cabeza. Empezando por uno mismo. A medio camino, sí, pero un poco más cerca de la meta. O eso me dice el corazón.

Deseos

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Un deseo en el fondo de nuestro ser es el arma más poderosa a la que podemos aferrarnos para vivir. Somos los deseos que se guardan en el rincón más oscuro y profundo de nuestro corazón, los secretos que los custodian en medio de la noche y las decisiones que tomamos para que se hagan realidad. Los deseos están enlazados al corazón y a la pasión que pongamos en algo; son la llama que alumbra en nuestro interior y los que nos hacen escoger el camino que creemos correcto. Son los que nos dicen qué hacer cuando nuestra cabeza está tan atormentada que no tiene ni idea de en que lugar está el norte. Son por lo que estamos dispuestos a dar hasta el último aliento de los pulmones, los veintiún gramos de alma que exhalamos antes de morir. Dicen que uno tiene que aprender a rendirse… Y no, aún no he aprendido a hacerlo. Espero no tener que aprenderlo nunca. Por eso hay que tener cuidado con lo que se desea, porque se corre el riesgo de que se haga realidad. Y siempre he sido de correr r

Promesas

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Me gusta el dar tu palabra y cumplir una promesa, aunque tardes veinticinco años en lograrlo. Me gusta esa confianza que genera un “lo haré” y lo haces, esa certidumbre y seguridad que hoy en día prácticamente nadie entiende. En un momento en el que a nuestro alrededor todo es artificial, todo es efímero, y todo dura menos de un latido porque la palabra compromiso no tiene valor alguno. Hay cosas que te marcan el carácter, sobre todo las que ocurren cuando eres tan enano que ni llegas a la encimera de la cocina. Y es en esos momentos en los que te saltas diez años de vida para crecer de golpe, cuando entiendes que no cumplir con lo que se promete, cuando uno no es fiel a su palabra, desencadena las mismas consecuencias que el efecto “Mariposa”; que el aleteo de una mariposa en Hong Kong puede desatar una catástrofe en Estados Unidos. Me gustan los buenos valores, el trabajo duro y el sacrificio por lograr una meta. Aunque a veces la meta parezca imposible de alcanzar. Me gusta esa

Gremio

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Somos los que se dieron cuenta de que por sus venas corre agua salada; los que deseamos surcar los mares e hicimos de nuestra pasión una profesión, y los que tuvimos el arrojo de seguir los pasos de nuestros ancestros cuando la sociedad que nos rodea hace años que perdió el rumbo. Como decían en la celebración de San Telmo: Y es que marino no lo es cualquiera. Somos gente de palabra y de honor. Amantes de la Mar y de nuestra familia. Que profesamos una profunda devoción por el trabajo que mancha las manos y limpia el alma. Por la tradición que nos ha hecho seguir los pasos de nuestros abuelos, padres y tíos, y la forma de ser que nos hace diferentes al resto. No sólo somos ingenieros, o tecnólogos, o maquinistas navales. Somos los herederos de los valores de los que antaño ensancharon las fronteras de un país más allá de un mundo conocido. Somos hijos de la Mar y somos descendientes de la tradición; somos los hijos bastardos de Poseidón que sobrevivieron para luchar un día más.

Ironman

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No es sólo porque interpreta al que siempre ha sido mi superhéroe favorito, si no por la carisma que tiene, por su personalidad, y por lo que ha demostrado ser como persona; desde el más profundo de los arroyos, hasta lo más alto que puede llegar un actor en su carrera. Robert Downey Jr. es el vivo ejemplo de que nadie es esclavo de su pasado. De que podemos acabar revolcados en el lodo una temporada, larga o corta, pero si encontramos el momento de hacer firme con el pie en el suelo y apoyarnos sobre nuestra rodilla, y nos ponemos de pie, no volvemos a caer en el mismo charco. Porque lo primero que piensas en cuanto te pones en pie, es en que no te va a tener cualquiera, porque tampoco te gusta lo que cualquiera pueda tener. Cada vez quedan menos muertos por enterrar y, cada vez, estamos más cerca de ese momento tan esperado; el de no tener cabos que te obliguen a mirar atrás. De poder empezar una nueva aventura con la cabeza bien puesta sobre los hombros, un corazón fuerte y re

Marcapáginas

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Tengo dos libros talismán que releo de vez en cuando, y uno ellos es “El Príncipe” de Nicolás Maquiavelo. Un libro que iba destinado a Lorenzo de Médici sobre los rasgos que debería de tener un príncipe para ser capaz de reunificar Italia bajo una sola bandera. Siempre me resultó curioso que el término “maquiavélico” se usara para palabras despectivas cuando, posiblemente, este sea uno de los mayores tratados de política, filosofía y pragmatismo de toda la historia moderna. Pero como todo en la vida, nos acostumbramos a juzgar los libros por sus portadas en lugar de leer las páginas que hay en su interior. Maquiavelo le decía al Príncipe que: “Es mejor actuar y arrepentirse que no actuar y arrepentirse”, en una clara referencia al miedo que existe en nuestro día a día y que nos impide hacer aquello que deseamos. Ese miedo inspirado por la razón que pretende controlar al corazón. Que los límites que existen, en más de una ocasión, son aquellos que imponemos en nuestra mente. Porqu

30+2

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Lo que nunca te cuentan cuando cumples años es que mantienes los años ya cumplidos. Vas llenando mochila y hay días en los que, aunque tengas 32, puedes ser el inadaptado de los 16, el aventurero de los 24, o el crío que vivió esta historia que no le dejó otra opción que hacerse fuerte y leal. Que con el tiempo cambias, porque quedarse en la misma estación es no crecer como persona. Que quien me conoció el año pasado, tendría que decirle que me conozca de nuevo. Que he matizado mi color favorito, que he cambiado mi rutina, he focalizado mis metas y estoy más seguro de mí mismo. Ese maldito piscis de rebeldía incontrolable que no quiere dejar de sonreír aunque haya nubarrones en el horizonte; esa persona que cuando se levanta de la cama, el diablo tenga miedo porque se haya despertado. Y es que, si tuviera que definir este último año de vida en una sola frase, sería la de que lo hice con miedo, lo hice cansado y roto, lo hice inseguro. Pero lo hice. Y este año, lo seguiré hacien

Cadena de Márkov

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Aléjate de las dudas y de las cosas a medias, porque eso lo único que hace es agotarte de una forma totalmente innecesaria. Deja de pescar siempre en el mismo estanque del que sólo van a salir besugos pensando que aparecerá un pez espada, porque esa clase de ejemplares, solo están en mar abierto. Con los años aprendes que no se puede hacer algo a medias, y que tienes que ser egoísta si quieres seguir tu propio camino. La vida te enseña que, si no tienes algo por lo que sientas pasión, no tienes una vida que valga la pena. Que los miedos a lo diferente hay que vencerlos, porque al otro lado, hay más luz de la que te imaginas. El tiempo no vuelve, el pasado no cambia, así que vive el presente y, en el futuro, haz lo que te dé la gana. Que como ocurre con las cadenas de Márkov, la probabilidad de que algo ocurra sólo depende de su evento inmediatamente anterior. Y si está en tu mano que ocurra, haz que suceda.

Dominio

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Hay miradas que desatan huracanes de fuego contenido. Sonrisas que queman debajo de la piel. Deseos que no dejan de repetirse justo en el momento en el que nos quedamos dormidos cada noche. Día tras día. Sabes que esa es la meta, pero antes de llegar a ella, hay demasiados demonios y muertos a los que enfrentarse. Y no sólo por tu parte. De hecho, es un camino a ciegas que emprendes porque quieres y, porque si la intuición no ha fallado en los momentos importantes, algo me dice que no lo hará en este. Todo lo que vale la pena requiere de una buena lucha, y no hay batalla más épica que la que empieza en el interior de uno mismo; esa lucha en la que tendrás que decidir si quieres avanzar o mantenerte en el mismo lugar. Y como ocurre con las películas de zombis: quien permanece quieto, acaba por palmarla. Que los diamantes hay que pulirlos para que brillen, hay que cortarlos y desbastarlos, vapulearlos y trabajarlos. Que es necesario coger aire y seguir, aunque sea a ciegas, pero si

Intensito

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Nunca estarás listo para dar ese paso al abismo o ese salto desde el borde de un precipicio, y el motivo es porque el ser humano está diseñado para no enfrentarse a sus miedos. Porque nuestro cerebro está pensado para protegernos del peligro y, los cambios, requieren de riesgos. De arriesgarse. Y es por eso por lo que, para lograrlos, se sigue al corazón. Pero, ¿a qué le puedes tener miedo, si todos nos vamos a morir? Cada minuto que pasa es un minuto que estás más cerca del hoyo, y tú aquí pensando si las decisiones que quieres tomar le parecen bien a los demás. La vida merece ser vivida sin cortapisas, que para algo nos hemos criado con el Hakuna Matata. Que sí, que le llamen intensidad, pasión o ganas, pero esa es la diferencia entre vivir el tiempo que pasa o dejar que pase el tiempo. Y si por vivir sintiendo eres un intensito, es mejor vivir así, que no sentir en toda una vida.

Ovejas negras

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Me gusta la gente que pelea por sus sueños cuando todo el mundo le dice que hace una locura. Me gusta la gente que tiene miedo y sigue adelante, que hace oídos sordos a quien le dice que está cometiendo un error, que tiene el suficiente pundonor como para anteponerse a quien sea necesario para ser feliz. Me gusta esa clase de personas que están acumulando valor para dar ese paso. Que está a punto de darlo pero que le falta el tiempo suficiente para asimilar que no pasada por ser feliz y seguir a tu corazón. Que quien te quiere no necesita explicaciones, quien no te valora hará caso omiso de ellas, y a quien le des igual, le darán igual. Así que atrévete a vivir, porque tener miedo, además de agotador, es de débiles. Y tú no lo eres. Sé la huella en la vida de la gente que tú alma te pide que seas, y no acalles esa voz que te dice una y otra vez, como hacía el gran Mufasa: “Recuerda quién eres”. Porque es en las diferencias, irreverencias y rebeldías el lugar en el que reside la e

La canción del mar

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Las personas cambian cuando coinciden en el tiempo: que han aprendido demasiado, que han sufrido lo suficiente y que se cansaron de lo mismo. El cambio no es de la noche a la mañana, no es cuestión de días o semanas, y todo empieza con el valiente paso de aceptar que ese camino no es el que te hace ser tú mismo. Es aceptar la soledad como punto de partida y asumir que hay ramas del árbol que cortar. Pasas por ese periodo de glaciación universal aunque sea verano, ese tiempo en el que aprendes lo duro que es levantar de nuevo la fortaleza, y por ello no dejas que cualquiera entre en su interior. Esas semanas de ocaso estival en las que derrumbas lo que no sirve, echas del castillo a quienes restan energías en la reconstrucción y pones orden en tu casa. Con el otoño empiezas con las reparaciones y tapando solucionando goteras. Poco a poco te vas encontrando más fuerte, más seguro. Más tú. Que han pasado las estaciones, que se va acabando el invierno y se acerca la primavera. Que tod

Destilado

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Decía Whoopi Goldberg que si huyes cada vez que aparece algo nuevo delante de ti, estarás huyendo el resto de tu vida. Que estamos condenados a repetir historias hasta que nos demos cuenta de que ese camino no es el correcto. Que nuestro destino nunca nos pasa de largo. Que todo tiene un porqué. Todos somos los malos en la historia de alguien, y como dijo cierto delincuente: el día que vayas a hacer algo malo, hazlo bien hecho. Porque hasta para eso hay que saber. Que ya no va de antagonistas y protagonistas; va de echarle los suficientes huevos como para saber que lo imposible sólo tarda un poco más. Que la vida te ha enseñado que los siempre no son eternos, también que los nunca más adelante son una posibilidad.  Que cuando le confiesas al Universo tus intenciones en voz alta, asumes que el karma se va a cebar contigo. Que vas a pagar hasta por la falta más insignificante y, con ello, aceptas las reglas del juego. Aceptas que fluir y cambiar va a doler; que no será fácil. Pero nada

Invictus

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Que la vida son las decisiones que tomamos; Si decidimos ser dueños de nuestro destino o los peones en los sueños de los demás. Somos lo que decidimos ser cada mañana cuando nos levantamos y lo que soñamos cada noche antes de dormir. Hay elecciones bastante más difíciles que otras, pero si algo tengo claro es que todo ocurre por una razón. He dedicado demasiados años de estudio, de sacrificios personales y materiales, de peajes más caros que la AP-9, que te hacen pensar y valorar lo que realmente vale la pena. No es más rico el que más tiene, si no el que menos necesita. Quizás no era la respuesta que se esperaba, pero era la respuesta que tenía. Hay que saber llegar, hay que saber estar y, sobre todo, hay que saber cuándo irse. Que en palabras del enorme William Ernest: Soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma. Eso es lo que la Mar siempre me ha enseñado, y estoy muy agradecido por ello.  Siempre proa al horizonte. En la noche que me envuelve, negra, como un pozo inso

Ojo de loca

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No hace falta que tu corazón deje de latir para estar muerto. A veces te mueres lentamente sin darte cuenta. O sí, pero no eres consciente.  No eres consciente de que poco a poco dejas de sonreír como lo hacías antaño, que te afecta más lo que digan sobre ti que lo que te dice el corazón, que te sientes pequeño cuando eres lo más grande. Y es cuando renaces que te das cuenta de todo esto; de las cosas que dejaste de hacer y que te apasionaban por razones que ya no vienen al caso. Cuando sanas a solas y decides que nada va a ser como antes, y que vale la pena confiar en el destino. Que hay batallas que no hay razón para librarlas en solitario. Que siempre habrá tiempo para un quinto de Estrella en una playa urbana y abrazos que recompongan. Que todavía quedamos personas que empeñamos nuestra palabra si nos lo pide el corazón. Quizás estoy como una regadera por pensar como pienso. Por fiarme tanto del instinto. Por ser ese maldito Piscis que, con varios años de historia, avala que

Escaleras al cielo

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Y estás delante de la escalera. Ya el hecho de asumir que vas a subirla es un paso hacia adelante. Pero cuando comienzas a poner un pie encima de cada peldaño, empiezas a darte cuenta del miedo que da tener tu cuerpo apoyado en un solo pie mientras el otro está en aire. Que ser imparable es una curva con subidas y bajadas con la mirada puesta en el futuro, que la confianza es una curva exponencial enfrentada en su eje X con el tiempo. Que hay abrazos que cuando cierras los ojos, es como si los estuvieras reviviendo. Ojalá vivirlos de nuevo. Que somos el tiempo que nos queda mientras se consumen las cerillas, pero primero no dejamos de ser las vacaciones en una tormenta antes de hacernos viejos, que como dicen los de Viva Suecia: es algo que voy a hacer por ti.  Y porque cruzar esta tormenta, primero y antes de nada, es lo que debo hacer.