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Mostrando entradas de enero, 2020

Llama de acero

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Y mantienes la mirada al frente. Mientras todo arde a tu alrededor, mientras todo se consume en cenizas. Te enfrentas a todo aquello que quiera cortarte el paso. Sin templanza y sin titubear, sin ningún tipo de compasión; sin ningún tipo de remordimiento ni tan siquiera derramando una sola lágrima. Sin apartar la mirada de lo que tienes delante de ti. Solo importa la meta, y en este excepcional caso, el fin justifica cualquier medio. Has descubierto cual es la siguiente meta, cual es la siguiente parada, la ciudadela en esta épica que está esperando para ser asediada. Has desplegado el mapa, señalado con la punta de la daga el camino y vislumbrado las sirenas que te pueden apartar de él.  Pero es ese maldito cosquilleo que te recorre desde los talones hasta la nuca lo que te indica que estás tomando el camino correcto.  A fuego y sangre, a llamas de acero.  Que estas siguiendo la estrella que te iluminó hace más de 20 años, y que ni nada ni nadie podrá apearte de esta a

Entrepuntos

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Aparecen de la nada esos retos que te cambian la vida. De los que tienes que sacar el tiempo de debajo de las piedras porque el día tiene 24 horas por mucho que quieras hacer de ellas 36. De esos momentos en los que sales a correr con el rocío bañándote la cara y mezclándose con el sudor. Ahora que los retos ya no se acumulan, si no que prosiguen. Que las metas han cambiado porque como buen gallego se han movido los marcos para coger un poco más. Para ir a por algo más grande de lo cosechado, con el único objetivo de no dejar de correr con la mirada fija en el mañana que vendrá.  Todos hemos nacido para morir, lo que nos diferencia es lo que cada uno decide hacer mientras este último momento no llega. Porque ya no es el olor del salitre del mar, de la leña ardiendo en la cocina, de los dedos rozando el papel mientras la tinta se fija en él, ni las melodías que nacían con las teclas del ordenador contando una historia; es el descubrir otro sendero que se abre en el camin

El regreso de la diosa interior

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Y apareciste de nuevo, en un rincón del alma. Apareciste en uno de esos momentos en los que más lo necesitaba, como esa enorme bocanada de aire después de salir de debajo del agua. Justo en ese instante en el que rompes con la superficie y abres la boca para absorber la brisa helada del invierno. Siempre has estado ahí. En ese hueco oscuro, frío y cerrado en el lado derecho, a la altura de las costillas flotantes y al que hacía años que nadie bajaba. Y allí te encontré: encadenada en la humedad de la noche, con tus muñecas ensangrentadas por el roce con los grilletes y los ojos cansados de llorar.  Y es que cuando miraste de nuevo a la luz, cuando se abrió la puerta, se me partió el alma al ver tus ojos azules como el mar Circasiano enrojecidos como el Hades, y caí en la cuenta de cuánto te había echado de menos, de cuanto añoraba la compañía de esa diminuta diosa interior. Desempolva de nuevo tus maracas, pequeña. Que ha llegado la hora de volver a bailar. Depílate las

Luna roja

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Y llega un momento en el que cruzas la meta. En el que logras llegar. En el que después de tiempo luchando por causas perdidas las terminas ganando, ese instante en el que después de la euforia, asimilas que se terminó ese sendero. Has obtenido uno de los medios necesarios para un fin, pero se acabó. Ahora es como un vacío. Como el famoso clavo que Rosalía de Castro se arrancó del corazón. Como la inexistencia de un tiempo pasado que acabó marcando el futuro. Como la cara oculta de la luna, a la que nadie nunca logra llegar, donde se acaban las comunicaciones, la conexión, y el tiempo deja de existir.  Dicen los viejos de la vida que cuando empiezas a pender de un hilo, es cuando realmente comienzas a rendir, y quizás me he acostumbrado a caminar por el borde durante tantos años que el haber dado un paso hacia atrás para salvarme del precipicio, haga que parezca que mi vida se ha parado. Pero siempre hay y habrá nuevas metas por conquistar. No porque el mundo haya dejado