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Mostrando entradas de septiembre, 2022

Punto de apoyo

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El peso del sello, el peso de la corona, el peso de la capa. El peso de la responsabilidad de haber sido señalado, el peso de saber que eres quien tiene la obligación y la potestad de cumplir con el compromiso adquirido. El peso de lo que supone el mando, el peso de la cadena que pende del cuello, de la espada en la mano y de la lanza, del escudo y de la daga. De las decisiones tomadas y de las que están por tomar. El peso que pesa, que cuando se mantiene, fortalece. Pero que cuando se soporta durante mucho tiempo, lesiona, y que de forma indefinida, mata. Y ahí es donde radica la clave de todo, en que puedes sostener el mundo sobre tus hombros como Atlas, o puedes apoyarte en quienes sabes que siempre estarán ahí: los verdaderos amigos. Que si te dan un punto de apoyo para mover el mundo, no renuncies a quien puede ayudarte a mover el Universo.

Furia

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Como cuando te atrapa una niebla tan densa que no puedes moverte, pero existe esa voz dentro de ti que te dice que no te des por vencido. Te preguntas muchas veces   “¿Cómo hago para enfrentarme a algo tan grande?” y te das cuenta de que si bien no es fácil, la respuesta la tienes en ti; en no perder la fe en tu fuerza, en no perder la fe en ti mismo. No entiendes nada, pero notas como el vello de la nuca   y de los brazos se eriza cuando tomas la decisión de verter hasta la última gota de tu energía en esto. En comerte la oscuridad a bocados para que perdure la luz, en golpear tan duro con tu puño que la honda expansiva haga que se muevan arboles, ríos y pueblos.   Que en la vida siempre pasan cosas buenas y cosas malas, la clave es arriesgarse a que pase algo. Arriesgarse al movimiento que produce el movimiento. En no ser la rana dentro de la olla hirviendo, que cuando quiere saltar para salvarse, se da cuenta de que ya no tiene fuerzas para hacerlo. 

Instinto de manos

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Que no te soltarán la mano significa que tu cuerpo ha ganado una nueva prolongación, una nueva extremidad y un nuevo cerebro. Que cuenta con otra persona con la que compartirás equipo, y que hay batallas que aunque estés solo pala librarlas, tendrás a alguien animándote y aconsejándote desde la esquina de ring. Qué extraña es esa sensación, y en especial, acostumbrarse a ello. Venir de toda una vida en la que nadie comprendía tus metas y tus sueños, y que de la noche a la mañana aparezca quien esté dispuesto a espantar tus miedos con un fuego que brilla con más intensidad que el fuego eterno. Ganas también un nuevo par de pies, que caminarán a tu lado, y un corazón que tienes la responsabilidad de cuidar, proteger y valorar, o por lo menos, es lo que te dice el instinto. Y el instinto nunca se equivoca; que un suspiro son segundos, pero lo que uno siente de verdad, es para siempre. Como las buenas sorpresas que te da la vida.

Abnegación

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Te reto a que te enfrentes a la prueba más difícil. A que pongas una de tus canciones favoritas a todo trapo en el ordenador o en el equipo de música, que cojas una silla, y te sientes delante del espejo. Te reto a que te retes. A que luches contra la persona que pone todas las zancadillas más allá de la mala sangre de terceros. A que mires a los ojos a quien te taladra la cabeza por las noches con ideas absurdas que te quitan el sueño y que, finalmente, no terminan por suceder. Te reto a que seas valiente; a que golpees primero, duro y bien. A que barras como un tsunami la costa conocida sabiendo que el 99% de tu vida, depende de ti. Solo de ti. De las decisiones que tomas y de la fuerza de tus actos. Del ímpetu. De las ganas y de los cojones que le eches, y que si caes, te levantas. Aunque sea hecho un mar de lágrimas, pero sin dejar de luchar. Así, hasta que con las rodillas llenas de sangre y con las manos rascadas, con la cara llena de moratones y las costillas rotas, llegue