Dead

Hoy no tenía ni ganas ni ánimos. No escuchaba ni el latido de mi segundo corazón, ni a la lluvia mecida por el viento al otro lado de la ventana. No entendía porque las ondas sonoras de los altavoces vibraran por todo mi cuerpo como si de una corriente eléctrica se tratara. Tengo demasiados cabos sueltos en la cabeza, y el barco amenaza con romper los amarres. 

Hace frío. Tengo las manos congeladas pero estoy acostumbrado, ya llevo muerto largo tiempo. Una muerte maldita que te obliga a ser una estatua de piedra que siente y que llora, pero que no se mueve ni habla. Una estatua obligada a mirar al frente con la mirada fría e implacable como el acero brillante bajo la luna llena. Acero. Una llama de acero que da calor frío. Una llama que no da luz.

Ahora que estoy muerto es cuando miro atrás y me doy cuenta de una cosa... Cada segundo, cada momento, cada instante, vividlo como si no hubiera un mañana. Como si el fin del mundo viniera con el amanecer del nuevo día. Vivir libres, vivir sin miedo, vivir siendo vosotros mismos, pues esa es la única forma de dejar tu huella en este mundo. Si no, cuando os encontréis  en vuestra cama marchitos y con la muerte sentada a vuestro lado, será demasiado tarde para poder decir "Quiero vivir".

Entradas populares de este blog

Oído, visto y sentido

Alicatado

A mi manera