El Legado del Mundo

Querido descendiente del mundo:

Te dejo como herencia la ecuación de la Luz. De una luz que late bajo las estrellas mientras el mundo se derrumba. Una luz que llegó de un lugar más allá del cielo estrellado y de forma desconocida, de forma celestial, y quizás, de forma divina. De una luz que dará esperanza mientras alguien se aferre a ella.

Te dejo esa luz que surgió de los corazones y del viento, del agua que caía por las paredes limpiando la sangre del pasado y las heridas de la  guerra, rompiendo las lanzas y enterrando hachas, aliviando las cicatrices, el peso de las últimas despedidas y partidas, aliviando la carga del corazón.

Te cedo ese brillo que nació en el eco a través del tiempo y del espacio. Un eco que se repite en el latido del corazón de cada criatura que nace en nuestro mundo. Un eco que resurgirá del pecho de los hombres para plantarle cara al futuro. Un eco al que tarde o temprano acabarán llamando historia.

Te lego esa luz que no da la suerte. La suerte no se necesita. Toda mi vida he tenido que luchar y eso me ha hecho fuerte. Me ha hecho ser quien soy. La suerte no habría conseguido eso.

Así pues, te lego la más importante de las enseñanzas y de los misterios. Te lego la mayor luz y la mayor esperanza que hay en el mundo. Te lego el mayor de los privilegios que existen en este mundo.

Te lego el derecho a la Vida.

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