El Vínculo

Hay vínculos que se forman antes incluso de nacer. Vínculos que creamos con gente de nuestro alrededor desde que somos una bolita pequeñita en el vientre de nuestra madre.  Uno de los más importantes que puede existir es el que hay entre el abuelo y su nieto. 

Es un vínculo que se crea cuando sus manos arrugadas lo acarician por primera vez, o cuando a escondidas de los padres siempre le regala alguna que otra chocolatina. Es un vinculo muy extraño. El nieto es un hijo para el abuelo, y el abuelo, es como un padre para el pequeño. Un padre más anciano, más sabio, más caduco… Pero no obstante, más tierno que cualquier miembro de la familia, pues al fin y al cabo, no es más que el jefe, el líder, el patriarca del clan.

Es un vínculo abstracto que no se puede percibir por ningún sentido pero sí que se puede percibir por el alma, por el interior del corazón. Es un vínculo que nunca muere aunque uno de los extremos se marche de este mundo, pues es un vinculo post mortem y que siempre perdurará, pues perduran sus enseñanzas, las tardes paseando, las guerras de cosquillas, las pequeñas broncas, los besos de buenas noches, los momentos que nunca sabes porqué, pero que finalmente se quedan en tu cabeza.
Creo que sé porque es ley de vida ser abuelo a una edad ya algo avanzada y el nieto  tan joven, y es para saborear el último beso de la vida, la última y verdadera sensación de amor. El último y verdadero regalo que les puede ofrecer el río que finalmente llegará al mar tarde o temprano. Un regalo tan sumamente simple, como puede ser el caminar de la mano con tu nieto… Pero eso... Eso es algo, que entenderemos cuando seamos viejos.

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