Praderas


Subes por la cuesta del mundo mientras el viento te impulsa cara arriba. Escuchas el sonido del mañana que vibra en tus tímpanos y el agua de la lluvia que se anida en el pelo, como sin darte cuenta cambias la noche por el día, la oscuridad de la luz artificial, por el brillo de la medianoche.

Huele a hierba mecida por el aire del norte, huele a tierra mojada y a nubes llenas de agua, a flores silvestres que te han acompañado durante los años sin darte cuenta, en el camino que recorres cada día con la puesta de sol.

Es como hablar contigo mismo. Como tener un monólogo a dos voces con el interior de tu alma al compás de una brújula rota, como intentar atravesar una muralla infranqueable bajo los rayos y los truenos, como ser la calma que precede a la tempestad.

Huele a tierra, a agua y a madera. Huele al ayer y al mañana. ¿Lo notas? ¿Lo sientes? Es el aroma de la libertad.




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