Gaugamela

Existe la leyenda del hilo rojo.

Un hilo invisible que ata tu meñique con el de otra persona en el mundo con quien estás predestinado, que se tensa y destensa a placer pero que nunca se rompe, y ¿sabes qué? Creo que ahora que hemos encontrado el hilo nos toca tirar. Hasta descoser la manta de tanto tirar de ella si hace falta.

En la batalla de Gaugamela, Alejandro se convirtió en Magno e hizo historia. Con un ejército inferior logró que los persas de Darío de Babilonia cayeran derrotados, y es que no importa el número de seguidores o fanáticos que se tenga, son la calidad de las convicciones las que de verdad otorgan una victoria.

Se ha tardado tiempo en preparar el terreno, más del que me hubiera gustado, pero somos agua; ese goteo persistente que a lo largo de décadas logra perforar la roca. Ambos hemos crecido con este reto, y ahora que cuento con el pleno apoyo de la gran familia no será lo mismo que antes. Toca demostrar que la verdad tiene que imperar sobre todas las cosas. Sobre todas y cada una.

Sí, vosotros, aquellos a los que se les plantó cara una lluviosa mañana de un 20 de diciembre. Ahora es cuando de verdad veréis cuánto valen los ideales de un hombre. Se acabó el tiempo de la segunda oportunidad, pues ha caído el último grano de arena. Tened miedo, yo en vuestro lugar lo tendría.


Si vis Pacem, para Bellum



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