Asedios


Son los asedios, esas batallas en las que los demonios aporrean las puertas, en las que los muros sufren el acoso de las torres y las rocas de los trabuquetes llueven del cielo, cuando el valor evita dar un paso hacia atrás.

Es en ese momento en el que ya no hay nada que perder que entiendes la dureza del ser uno mismo para plantarle cara al infortunio y a la adversidad. Cuando comprendes que todos los caminos de tu vida te han llevado a ese momento en el que los errores, de serlo, son la mayor experiencia. Y las victorias, literalmente tocar el cielo que está reservado a los Dioses.

Es en los asedios cuando entiendes que por mucho que esperes a los refuerzos, si las defensas caen, ya no habrá nada por lo que luchar.

Porque es en los asedios cuando se decide qué es lo que queremos ser en la historia: si los que se rindieron y abrieron las puertas, o los que resistieron y lucharon hasta su último aliento de lealtad.

Es en los asedios cuando realmente nos vemos delante de un espejo. Donde la fe son nuestros actos, y nuestros actos quienes queremos ser.





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