Resoplidos


Eres esa voz firme y amable al otro lado del teléfono cuando todo se tuerce. Esa luz de vela tan tímida que ilumina un espacio mayor del que ella misma se podría pensar. Esa sonrisa que hace que me olvide de todo.

Eres culpable de que ahora vea los atardeceres y el mar de otra forma. De que no tenga frío mientras el nordeste azota revolviendo el pelo y los besos, de que solo quiera subirme a las montañas para respirar aire más puro.

Porque has comenzado a transformarte en ese rayo de sol que se abre entre la niebla y que calma las aguas más duras del océano. Porque con verme en tus ojos solo alcanzo a sonreír. Porque es con los pequeños detalles que regalas que me ganas por completo.

Por haberme indicado el nombre de la hierba más increíble que pueda conocer, por los escalofríos robados a traición, y por el roce de tus manos cuando menos te lo esperas. Porque, simple y llanamente, vale la pena.



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