Si estás ahí, escúchame

Muchos de nosotros a veces nos hemos encontrado solos. Nos hemos encontrado sin el apoyo de una persona a pesar de tener amigos incondicionales. Nos hemos encontrado en una habitación vacía y llena de gente. A veces decimos que nos negamos a vivir en la rutina, que queremos salir de ella, pero el miedo, algo tan simple como eso, nos impide hacerlo. El miedo no es malo, te permite saber cuales son tus debilidades y como hacerles frente. El miedo en si mismo, para aquellos que son algo avispados, es un arma que puede abrirte muchas puertas.

Mi profesor de termodinámica nos dijo la semana pasada "¿Que tengo? ¿Que quiero? Un ingeniero se para, lee, piensa y actúa conforme a una estrategia. Si esto no resulta, sálvese quien pueda." Pero que jodido es cuando no puedes pensar... A veces no es fácil asimilar un cambio. A veces no es nada sencillo soltar algo que te lastra por miedo a quedarte solo, y aguantas el frío de los sentimientos, el granizo del silencio, y únicamente agachas la cabezas y te resignas por miedo. Te olvidas de las dos preguntas clave que son ¿Soy feliz? y si no lo soy ¿Porqué?, si estas dos preguntas tienen respuesta, sabes cual es el problema, y entonces puedes pensar como un ingeniero.

Pero un día te levantas, crees que será un día normal, y te encuentras con el pasado llamando por teléfono al final de una escalera. Sin saber porqué, y mientras las manos te sudan, te acercas a pedir y dar explicaciones para acabar en silencio. Como un miércoles 20 de Octubre. Pero lo más triste de todo, es que no te arrepientes de nada, y algo dentro de ti te susurra constantemente "En que coño te has metido..." Ironías de la vida. 

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