Nadie dijo que la vida sería fácil

A veces es muy difícil tomar decisiones que no nos gustan. Decisiones con las que moralmente estamos en contra. Pero al fin y al cabo, aunque duela, es mejor un tiempo de sufrimiento que una eternidad de dolor.

Cuando tienes formada una vida, cuando tienes unos amigos, cuando consigues un respeto y un… Llamémosle “status”, no es nada fácil cambiar, y tampoco es nada fácil luchar por algo que no crees que salga adelante.

No sé cómo podría describir la situación, es como masticar cristales de azúcar. Están buenos, pero te cortan y te matan por dentro. Te desangran lentamente como si te cortaras las venas en la bañera y cerraras los ojos mientras el agua se tiñe de carmesí.

Hay momentos que nunca son fáciles. Momentos que siempre guardarás en una cajita de latón y que marcaron algo importante en tu vida. Objetos que cuando mueras, deseas que sean incinerados contigo para que vuelen por siempre a tu lado sobre los mares, los océanos y los ríos.

Hace mucho tiempo me juré que no sería como fui antaño. Me juré que sería justo conmigo y con las personas que me quieren, y aunque me duele en el corazón, me duele en el alma, me duele tan adentro, tengo que hacer justicia con mis palabras, con la gente que me apoya, conmigo mismo.

Solo entonces los cristales de azúcar dejaran que cortarme y desgarrarme por dentro, y mi única preocupación será controlar la glucosa. Nadie dijo que la vida sería fácil, porque si lo fuera, no sería más que un chiste.

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