Silencios de corchea

Hay una mala frase que dice que “el camino de los cobardes es quedarse callados”.

Digo mala, porque el problema es que en ocasiones te quedas callado cuando no te salen las palabras. Cuando no sabes qué decir. Cuando no sabes dar marcha atrás porque pudo más un razonamiento idiota que el latir del corazón, y a veces es mejor el callarse que abrir la boca.

Somos los amos de nuestros silencios y los esclavos de nuestras palabras. Esto es algo que vas aprendiendo a base de hostias.

Nunca le podría reprochar nada a quien tiene el valor de vencer un miedo. A quien tiene el valor de ir a un lugar al que lo llama el corazón anteponiéndose a lo que opinen los demás, por absurda que sea la forma que tenga de acercarse. Por largo o corto que tenga que ser el rodeo.

Porque el simple hecho de que pienses que algo es imposible, hará que sea imposible. Las limitaciones, para todo, siempre son las que se impone uno mismo.

Que no se trata de vencedores o vencidos, de quien tenga o no la razón. Vivir y sentirse vivo, pleno y completo, está por encima de todo eso.



Entradas populares de este blog

No enemies

Piedra y agua

Las pilas de Nesperino