Oveja negra

No hace mucho que leí que ser la oveja negra de la familia no debería ser preocupante, ya que seguramente fueras el sueño cumplido de todos tus ancestros.


Que pasas a formar parte de ese elenco de personas que hace de su rebeldía la bandera con la que asiste a cada batalla. Que apela al inconformismo como el principal ideal de ser feliz a pesar de los pesares. A pesar de quienes constantemente deciden cuestionar una forma de vida, un sentimiento o una pasión.


Tenacidad y determinación. 


Quizás estas dos palabras sean las que se puedan esconder debajo del pelaje negro de la oveja que se quiere salir del rebaño. De la oveja que no renuncia a ser fiel a su personalidad, a sus sentimientos y a su forma de pensar, de ser, de amar. De la oveja que decide tomar sus decisiones con independencia de la presión social a la que se le quiera someter con el único fin de cumpla con la parte más egoísta del resto de las ovejas blancas del rebaño.


No, ser una oveja  negra no es un defecto, es la certeza de ser fiel a uno mismo. La certeza de que nadie jamás serán pastor ni dueño de su propio camino.


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