Kanagawa

Es curioso cómo la vida se encarga, casi sin que lo notes, de apartar a las personas con las que ya no compartes nada. Aunque en su momento fueran parte de historias que bien podrían llenar un libro. Lo sorprendente llega cuando te cruzas con ellas en la calle y, aun teniendo la misma cara de siempre, son incapaces de reconocerte. Te miran, pero no te ven; como si fueras alguien familiar y a la vez un completo extraño. No, no se trata solo de borrar a gente de las redes sociales o de limpiar la agenda del teléfono para quedarte con lo esencial. Es algo más profundo: dejar de invertir energía en quienes ya no aportan nada; en quienes permanecen anclados en un modo de vivir que ya no encaja contigo. Hay etapas que la propia vida cierra de manera natural, y aquellas que permanecen abiertas lo hacen porque todavía guardan un camino que, tarde o temprano, tendrás que recorrer. Como dijo Samsagaz “el Bravo”: los protagonistas de las historias se rendirían si quisieran, pero no lo hac...