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Atrasado en el pasado

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En ocasiones nos tiramos media vida negociando con un futuro que no existe. Hacemos planes y trazamos rutas convenciéndonos de que, si todo sale bien, algún día seremos felices, cuando la felicidad no es más que un instante que dura unos segundos y el resto suele ser resaca emocional. La realidad no sigue los guiones que escribimos. Podemos decidir lo que hacemos hoy, podemos definir nuestras metas, pero nadie tiene la capacidad de saber qué ocurrirá mañana. El futuro no nos pertenece; como mucho, nos pertenece la intención con la que caminamos hacia él. Del pasado de nada sirve hablar. Tal vez todos tengamos algunos momentos que viviríamos o actuaríamos de otra forma, pero cambiar eso nos cambiaría también en el presente. Si pudiéramos modificar una sola pieza de esa historia, probablemente dejaríamos de ser quienes somos ahora. El pasado ya hizo su trabajo: convertirnos en la persona que somos hoy. Como dice un gran filósofo llamado Timón: Siempre hay que dejar el pasado at...

2.com

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A veces, cuando ya no esperas nada, acabas teniéndolo todo. En septiembre de 2025 escribí aquel post, “ De .com a .es ” , donde contaba la decisión de renunciar al dominio .com  de Valor&Coraje. Google, en su infinita manía de externalización, me había dejado ante dos caminos: mantener el .com sin poder real sobre él, o dar el salto al .es y asumir el control completo del dominio. Y elegí lo segundo. Es curioso que la vida a veces tenga más sentido del humor que cualquiera de nosotros. Google siguió con su hoja de ruta y acabó vendiendo la gestión de los dominios .com,  precisamente a la misma compañía con la que había contratado hace 8 meses el .es . De hecho, tras una tarde la mar de entretenida con unos buenos amigos (Raquel, Andrés, desde hoy sois los padrinos oficiales de esta criatura), si ahora miráis el dominio de cualquier entrada o buscáis Valorycoraje.es, terminaréis llegando aquí: al lugar donde empezó todo. A Valorycoraje.com . Inciso:  La turra...

Creo porque veo

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Un día, sin saber muy bien cuándo, decides plantarle cara a tus miedos y a los demonios que llevas dentro.  Aprendes a escucharlos, que ya tiene cojones la cosa, y comienzas la búsqueda de la verdad y del significado de todo para expandirte; para que tu mundo deje de parecer una habitación sin ventanas. Y entonces intentas rodearte de gente que sume, no de quienes disfrutan viéndote sangrar mientras te dan consejos de Mr. Wonderful. Con el tiempo, consigues ir arrancándote de encima esas partes de ti que ya no encajan. Tomas decisiones. Decides por ti, no por lo que esperan los demás, y empiezas a forjar la identidad de quién eres de verdad, no esa versión low cost que se vende para encajar. Pero hay una trampa oculta en todo esto: sí, matas a uno de esos demonios. Pero otro, con el tiempo, aparece en su lugar. Y probablemente así funcione la vida; una simbiosis eterna más parecida al Yin y el Yang que a una batalla con final épico y música de Two Steps From Hell (aunque me fli...

Libre como el mar

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En ocasiones hay quien se llena la boca hablando de libertad, pero la mayoría de la gente lo que realmente quiere es la comodidad: que otros piensen por ellos, que les digan qué está bien, qué está mal y hasta con qué deben indignarse esta semana. La libertad no consiste en hacer cuatro tonterías “porque me da la gana”. Eso no es libertad, eso es ser esclavo de los impulsos. Ser libre es algo bastante más incómodo: es pensar por tu cuenta aunque te equivoques, es arriesgarte, ganar, fracasar y aprender; es elegir tu camino aunque no encaje con el rebaño, y es aceptar que nadie puede vivir tu vida por ti. No elegimos las cartas que nos reparte la vida. Pero sí elegimos cómo jugarlas. Ahí está la diferencia entre quien vive en piloto automático y quien realmente toma el control sobre sí mismo. Siempre será más cómodo obedecer, repetir consignas y dejarse llevar por la corriente que mantener la presencia en ser uno mismo. Al final, ser libre es una opción que tiene un precio: resp...

Eyes on me

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Durante mucho tiempo guardaba lo que escribía. No por falta de ganas, sino por falta de confianza. Palabras que se quedaban conmigo como secretos que uno no sabe si quiere guardar o confesar. Y entonces, estabas tú. No sé cuándo empezó exactamente. Quizá fue aquella noche en la que levanté la vista y te vi sonriéndome. No supe si era real o si mi mente me estaba jugando una mala pasada fabricando una historia donde no la había. Pero desde entonces, siempre estabas ahí. Las noches se repetían. Las mismas canciones, el mismo ambiente, la misma duda. ¿Sería esa la última vez? ¿La última noche contigo, aunque nunca hubiéramos sido realmente un “nosotros”? Como dice esta canción: Maybe yes, maybe no . Había algo en tu manera de mirar; tímida y esquiva, como si tuvieras miedo de ser descubierto. Y, sin embargo, yo no podía apartar la mirada. Me pregunto si alguna vez lo supiste. Si llegaste a notar que, mientras tú evitabas mirarme demasiado tiempo, yo ya estaba completamente perdido...

Cuatro elementos

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Hace unos días, en uno de los foros en los que participo como ingeniero, alguien compartió el libro “The Fourth Industrial Revolution”, de Klaus Schwab. No es un libro apasionante, lo que suele ocurrir con cualquier libro técnico, ni descubre la piedra filosofal, pero sí que ordena algo que cada vez más expertos intuyen: no vamos a ser capaces de afrontar lo que se nos viene durante los próximos años solo con conocimiento técnico. La irrupción de la IA generativa, cambios de paradigmas energéticos, hasta los cambios en las dietas de la gente… El mundo está cambiando más rápido de lo que nos pensamos. Para afrontar estos retos hace falta una mente capaz de entender un mundo que ya no se deja dividir en departamentos estancos y donde ahora todo está conectado. Hace falta un corazón sosegado que sepa cómo gestionar emociones cuando todo puede cambiar en menos de 24 horas y, además, un alma que aporte propósito, confianza y que vea más allá de la inmediatez. Por supuesto, también un cu...

Frisson

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El frisson , del francés “escalofrío”, es una reacción física y emocional intensa que se describe como “piel de gallina” o como un cosquilleo que se expande por el cuerpo, y que es provocado generalmente por algo relacionado con alguna de las 7 disciplinas de las Artes. Se dice que en torno al 55% de la población lo siente; el resto, no. Tengo la suerte de experimentarlo en un in crescendo ; en un buen solo de guitarra eléctrica atravesando el aire, en un violín que desgarra hablando, en unos coros que te levantan del suelo con los metales quebrándolo todo, o en esos subidones que mete el tecno cuando la canción revienta en el momento perfecto. Es el mismo subidón que recorre la piel cuando la vida te arroja al infierno y decides no suplicar para salir, sino hacer que cada demonio aprenda a temer tu nombre.  Y es que, como decía Alexis Carrel, el ser humano no puede rehacerse a sí mismo sin sufrir, porque es a la vez mármol y escultor. Hay algo que, reconozco, ha funcionado...

Revenge

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La infidelidad en lo pequeño prepara la infidelidad en lo grande. Así se erosiona la moral: cediendo poco a poco, hasta que la muralla cae. La disciplina no se impone ni nace en un día; se construye con hábito, con repetición y con constancia. Y quizá sea ahí donde empieza todo: en la disciplina como forma de vencer al miedo. El miedo es natural. Es la respuesta ante el peligro, ya sea real o imaginario. Pero el valor no consiste en no sentirlo, sino en tomar la decisión de enfrentarse a él. Y eso no surge solo: exige esfuerzo, educación e ideales firmes. Exige preparación. Cuando el miedo es real, se combate con sentido del deber y con honor. Cuando es imaginario, es más peligroso: nace de la duda, de la superstición y de la falta de control sobre la mente. Y solo se vence enfrentándolo, una y otra vez, hasta reducirlo a cenizas. Ahí es donde se centra la verdadera batalla: la venganza contra uno mismo. Contra el que cedía, el que dudaba y el que no lograba ser constante deján...

Resurrection

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Después de semanas en pausa, sin pensar en nada, dejando que el tiempo simplemente pase, aparece uno de esos pensamientos que no se buscan, pero que parecen destinados a encontrarte. El camino recorrido hasta aquí enseña a soltar. A renunciar incluso a aquello que durante un tiempo formó parte de uno mismo, porque hay etapas que necesitan cerrarse. Sí o sí necesitas mirar hacia dentro, sin filtros, y responder a preguntas incómodas.  Y entonces, un día cualquiera, como un Domingo de Resurrección, surge la decisión de ir un paso más allá: de renunciar también a las señas de identidad. A esos objetos que, sin darse cuenta, acaban construyendo parte de lo que uno cree ser: los pendientes de pirata, la medalla de los ancestros, el anillo de lapislázuli como recompensa silenciosa de las victorias. Pulseras, pendientes, collares, gomas, anillos… Llega el momento de soltarlo todo y de quedarse únicamente con lo que eres: el pelo corto, el cuerpo desnudo y los tatuajes que dejan las ...

Días de mar

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Hay días en los que la consciencia te regala el privilegio de habitar plenamente el presente. De sentir el olor a salitre, el mar golpeando de costado contra el casco, el balanceo que recorre cada extremidad y te recuerda que formas parte de algo más grande que la individualidad. Dicen que las soluciones a todos los problemas están en el agua salada: el sudor, las lágrimas y la mar. Y es que la mar tiene algo difícil de explicar. A veces te descubres, en una tarde cualquiera, tostándote bajo el sol, con la piel cubierta de sal y los músculos doloridos, pero con el corazón profundamente agradecido por estar ahí y por poder sentirlo. Es entonces cuando sabes que has aprendido a vivir en el presente. Cuando lo dices en voz alta y alguien, medio en broma, te pregunta si te estás muriendo. Todos nacemos para morir, pero solo muere aquel que no vive para lo que nació. Porque al final, no hay nada más sencillo ni más hermoso que compartir el tiempo con quienes te hacen sentir vivo.