Sin escalones
Hay una diferencia enorme entre hacer ruido y tener presencia: El ruido necesita gesticular, convencer y venderse a gritos. La presencia, no. La presencia entra en una habitación y el aire cambia sin pedir permiso. Y eso solo se consigue desde la quietud. Desde esa calma incómoda de quien domina el escenario sin necesidad de demostrarlo. De quien sabe exactamente lo que tiene que decir, cuándo decirlo y, sobre todo, cuándo callarse. La confianza no consiste en mirar por encima del hombro. Consiste en mirar de frente sabiendo que lo que has construido lleva tu firma, y que cada cicatriz, cada acierto y cada hostia, forman parte de algo que es exclusivamente tuyo. Nadie te lo puede quitar, porque nadie lo ha recorrido por ti. Siempre he dicho que somos nuestros actos; somos la persona que se levanta cada mañana con la absurda y maravillosa idea de que hoy puede ser mejor que ayer. Somos quienes trabajan cuando nadie mira, quienes se sacrifican cuando sería más fácil rendirse...