Enardecido
A veces nos pasamos meses, incluso años, intentando descubrir quiénes somos, a qué hemos venido, por qué pensamos como pensamos o hacia dónde va nuestro camino. Como si hubiéramos nacido para hacerle la competencia a Aristóteles. Y, mientras tanto, la vida sigue pasando. A veces basta con algo mucho más simple: saber que estás caminando por el sendero que tu corazón se empeña en abrir, aunque no siempre tenga sentido. No hace falta darle veinte vueltas a todo ni encontrar una explicación para cada golpe o cada regalo que te pone la vida delante. Y mucho menos perder el tiempo intentando cambiar aquello que jamás dependió de ti. Lo que no está en tu mano, jamás debe estar en tu cabeza. Nunca volveremos a ser más jóvenes que hoy. Nunca tendremos más oportunidades que las que decidamos darnos a nosotros mismos. Porque al final, en esta vida, no eres lo que te pasa. Eres lo que decides hacer con ello.