Tanques y ángeles
Creo que la energía no se crea ni se destruye, sino que se transforma. Creo en eso de que todo pasa por algo. Creo en mantener la paz y la conciencia de uno mismo; en vivir el presente como la mejor manera de mantener el cortisol a raya.
Pero
creer en esas cosas no significa que tengas que convertirte en el felpudo de nadie.
Hay quien confunde la educación con un permiso para cruzar todas las líneas rojas, quien mezcla la calma con una debilidad pasmosa y la ausencia de una reacción inmediata con incapacidad para reaccionar. Es curioso cómo la gente suele interpretar el autocontrol como falta de carácter.
Decía
Sun Tzu que solo merece la pena librar aquellas batallas que puedes ganar. Y
quizá sea precisamente en esos momentos, cuando estás en disposición de
declarar la guerra para ganar, que entiendes el verdadero significado de la fuerza.
Porque
la fuerza no consiste en sacar los tanques a la calle a la primera provocación,
sino en saber que los tienes y cuándo usarlos.
Todos
los ángeles llevan espada. Y la llevan porque hasta el cielo entendió que la
bondad necesita ser capaz de defenderse. Que no siempre es necesario usar la
fuerza, pero sí estar dispuesto a hacerlo cuando la situación lo exige.
La
espada no convierte al ángel en un guerrero, sino su capacidad para definir
cuándo desenfundarla. Porque su paz no nace de la debilidad,
lo hace de la elección.
