El mañana no existe

Hay noches que te recuerdan que llevamos demasiado tiempo preocupados por un mañana que ni siquiera sabemos si llegará.

Unos calimochos con los colegas, sonando de fondo el grupo que ha puesto banda sonora a media vida y, a tu lado, esa persona que, cuando ya no lo esperabas, consigue reanimar un corazón que se creía definitivamente cansado.

Es en momentos así que entiendes que la felicidad nunca estuvo en los ambiciosos planes ni en las metas futuras. Que está en una conversación cualquiera, en una canción conocida, en una sonrisa compartida.

Y es quizá por eso que de los mejores momentos raras veces hay una foto. Porque nadie estaba pendiente del móvil. Porque todos estaban demasiado ocupados viviendo y siendo presentes.

Porque algunos recuerdos nacieron para quedarse en el corazón y no en una simple pantalla.

Y eso, es vivir.