Shine
Hay algo que nadie debería quitarte: el brillo de la
mirada.
Ese brillo que aparece cuando sabes quién eres, hacia
dónde vas y, sobre todo, cuando ya no necesitas pedir permiso para serlo.
Porque llega un momento en la vida en el que dejas de intentar convertirte en
quien los demás esperan que seas. Has pasado por demasiadas cosas como para
volver a eso.
Has conocido tus propios infiernos. Has tropezado, te has
levantado, te has equivocado y has aprendido a caminar por lugares en los que
antes ni siquiera sabías si serías capaz de sobrevivir. Todo eso te ha
convertido en alguien más fuerte, más consciente y, sobre todo, más capaz de
adaptarse cuando llega el invierno.
Porque los inviernos siempre llegan.
Hay temporadas en las que todo parece irse a la mierda.
Planes que se rompen, personas que desaparecen, caminos que dejan de tener
sentido y versiones de ti mismo que ya no encajan con la vida que tienes
delante.
Y entonces toca hacer lo que siempre has hecho: Seguir. No
porque seas invencible, sino porque ya sabes que puedes atravesar la tormenta.
Porque los infiernos que has recorrido no son una condena, son el aprendizaje que te permite distinguir lo importante de la decoración; lo que merece la pena de lo que simplemente ocupa espacio. Las batallas que tienes que librar, de aquellas que ya no merecen ni una bala.
