La cebolla estoica
La escena ya la habréis visto: una cinta transportadora, una ristra de verduras cayendo al vacío una detrás de otra y, de repente, una cebolla que decide que ella no ha venido a este mundo para rendirse.
Rueda, rebota, se retuerce y
aguanta cuando todas las hortalizas ya han desaparecido. Ahí queda ella frente
a cuatro latas de atún como quien disputa el séptimo partido de unas finales. Y
gana.
Si
el 2026 nos regaló en su comienzo al pingüino nihilista, ahora internet nos ha
traído a la cebolla estoica. Y lo curioso es que detrás del meme hay más verdad
de la que parece.
Escuchaba
hace unos días a Santiago Ávila decir que el deporte de competición no te
enseña tanto a ganar como a perder. Porque para ganar entrenan todos. Lo
complicado es gestionar la frustración cuando las cosas salen mal, cuando te
has preparado a conciencia y aun así otro llega antes que tú.
Ahí
es donde se aprende de verdad.
Por
eso cada vez me convence menos la gente que presume de ser dura. El cristal
también es duro. Hasta que un día cae al suelo y se rompe. Si algo aprendes es que,
de parecerse, es mejor ser un junco que se dobla cuando sopla el viento, o el
agua que se adapta a cualquier recipiente y a menudo encuentra por dónde seguir
avanzando.
Y
si, por suerte, aerodinámica o azar, una cebolla es capaz de entenderlo, igual
nosotros también deberíamos ir tomando nota.
