Ventanas Rotas
La
teoría de las Ventanas Rotas viene a decir que, si descuidas una ventana rota
en un edificio, eso da pie a que luego le tiren piedras a otras ventanas, le
hagan pintadas o lo abandonen a su suerte. Una ventana rota que no se repara es
el mensaje que dice: aquí no pasa nada.
Y
nosotros tenemos esas ventanas rotas: los entrenos que te saltas, la eterna
conversación pendiente, o el “mañana me pongo”.
Esto no va de convertirte en el dios de la productividad con agenda militar y que se siente culpable porque la noche de un martes se come una pizza, mandando al carajo la nutrición deportiva de esa jornada. El problema está en dejar que las pequeñas cosas que, en el fondo, sabes que no van contigo, se hagan con el control de tu vida. Ahí es cuando la ventana rota deja de ser una anécdota y comienza a escribir un capítulo de tu libro.
El
crecimiento personal no consiste en querer controlarlo todo; eso es vivir con
un inspector de Hacienda dentro de la cabeza. Puedes fallar, procrastinar y
tener un día de mierda, pero cuando lo tengas, sé consciente de que la ventana
hay que repararla.
No
por un absurdo de la disciplina, sino por el amor que te tienes a ti mismo.
