Cebo Ball
Un día te encuentras apaciblemente bajo los
rayos del sol flotando sobre el Lago de la Furia, al norte de la Ruta 43,
cuando alguien viene a joderte la siesta.
“Uno
más. Otro que viene con sus ínfulas de Maestro Pokémon y su “hazte con todos”.
Una Furia Dragón y a casita”, piensas. Pero el combate no es exactamente al que
estás acostumbrado.
El
fulano llega, se planta sin equipo Pokémon y, contra todo pronóstico, lo único
que hace es tumbarse a tu lado a contemplar la vida lenta. A bañarse hasta que
se pone el sol sobre los tejados del horizonte, con una puta sonrisa capaz de
romper cualquier coraza.
No
hizo falta usar Atracción ni recurrir al Encanto de un Clefairy. Simplemente,
cambió la estrategia. Porque en un combate contra el Gyarados rojo, la Cebo
Ball no obtiene su bonificación habitual: aquel Gyarados es un encuentro fijo y
no uno obtenido mediante pesca.
Sin
combate, sin bajar sus PS y ni siquiera dándole motivos para escapar. Usó una
Cebo Ball para un Pokémon que se caza sin caña. Y lo atrapó.
