Verde y rojo
Hoy
nos vamos a una galaxia muy lejana para visitar a los dos ancianos de las
estrellas. A esos señoriños que son el máximo exponente del bien y del
mal: Palpatine, que construyó un Imperio que dependía de él, y Yoda, que se fue
tranquilo sabiendo que ya no hacía falta en este mundo.
Cuando
Luke aparece en aquel pantano, Yoda podría haber perdido la paciencia media
docena de veces y mandarlo de vuelta a su casa. Pero no. El Maestro entiende
algo bastante más difícil que levantar una nave con la Fuerza, y es que tu
estabilidad no puede depender de que las cosas salgan como tú quieres.
Viktor
Frankl, psiquiatra austríaco que sobrevivió a los campos de concentración
nazis, lo escribió en su libro “El hombre en busca de sentido” de la
siguiente forma: Al hombre se le puede
arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas, la elección
de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias para decidir su
propio camino.
Palpatine
necesita dominar para sentirse alguien: el Senado, el uso del miedo con la Estrella
de la Muerte, Darth Vader... Yoda sabe quién es, aunque no domine ni a una
mosca. Uno busca la paz consiguiendo que el mundo se comporte como él quiere;
el otro encuentra la paz dejando de exigirle al mundo que lo haga.
Y
es que la principal diferencia entre los dos es en cómo logran la paz que les
hace sentirse uno mismo. Nada más y nada menos que un vive y deja vivir.