Me Pierdo


Tengo un problema, y es que me pierdo en tus pupilas. Me pierdo en la luz cegadora del mediodía que entra por tu ventana e ilumina tu cara, en el silencio que se rompe con la respiración entrecortada de tu pecho.

Es que me pierdo cuando te veo a mi lado. Me pierdo en mis pensamientos y en tus labios, en las curvas de tu cuerpo y en tu sonrisa a media noche, en los escalofríos que sientes bajo la helada de Febrero, y en esos besos con los labios tan agrietados que hacen que el besarte sea un doloroso placer.

Me disipo en el umbral de los segundos que corren a tu lado, en el entrelazar de nuestras manos bajo las sábanas, en el tiempo infinito que recorro a través de los sueños para verte una milésima parte de un fractal de segundo.

Me pierdo. Me pierdo en tus pupilas al amanecer de los días, y lo único que deseo es seguir perdido en el mundo de tus ojos, en el cielo de tu sonrisa, y en el centro de tu alma. Me pierdo en tu interior, por que es la única forma de encontrarme a mi mismo.


Entradas populares de este blog

Oído, visto y sentido

Dos cero dieciocho

A las bravas