Ahora soy yo contra el Mundo


Cuando caemos tenemos dos opciones. O quedarnos en el suelo llorando, o llorar mientras intentamos ponernos de pie.

Las hostias duelen, y mucho. Las ganas de quedarte sentado, la impotencia, el resentimiento, la puta verdad de saber que hagas lo que hagas no podrás cambiar aquello que ya está destinado, que está definido, y que no se puede cambiar. Ese cóctel de desánimo que te bebes con pajita en la barra del bar bajo la última luz antes de echar el cierre. Cual agridulce es el sabor de la amargura…

Te lo bebes de un trago. Los recuerdos se deslizan hasta el fondo de tu garganta ahogada por tus propias lágrimas, y de pronto, todo es vapor de agua y sal. Revientas el vaso contra la barra y das un golpe sobre ella. El corazón que te forjaste con los océanos que salieron de tus ojos se agita en el interior de tu pecho, y es entonces cuando las olas y los vientos te llaman a no darte por vencido. No lo hagas, y menos a las puertas del final. 

Jamás me quedaré tirado en el suelo mientras me dais de hostias. No sabéis lo pequeño gran carbón desalmado que puedo llegar a ser cuando juegan con esto. No pienso quedarme de brazos cruzados mientras lleváis hacia la completa destrucción el lugar que me ha visto crecer. No me veréis sollozando y pidiendo clemencia, ni desde luego, accederé a vuestras suplicas rogando que me calle. Si queréis que guarde silencio, tendréis que matarme.

No me he rendido ni ahora, ni lo haré nunca, y si os pensáis que no lograré llegar a donde tengo que llegar es que estáis muy equivocados. ¿Tener miedo? No me hagáis reír. Estoy dispuesto a asumir todas y cada una de las consecuencias. Todas. Una vez un sabio dijo que "valentía no es no tener miedo, sino a pesar de tenerlo seguir adelante."

Iré a matar, iré sin contemplaciones, iré armado con mi espíritu de guerrero y mis manos calladas. Iré armado con aquello que vosotros jamás habéis tenido, aquello de lo que siempre habéis huido y repudiado. Iré armado con aquello a lo que no tenéis cojones a hacer frente. Iré con mis ideales por bandera, con la entera confianza de saber que lo hago, lo hago con el ímpetu y el sentimiento de luchar por lo que es justo.
 
Iré solo, sí,  pero armado con la fuerza de mi corazón.






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