A lo Cloud Strife


Inferno, el Tártaro, el castillo de Artemisa, Pandemónium, la Torre de Kefka, la Torre de Cristal, la Ciudadela de Insomnia, los faros de Mercurio, Venus, Júpiter y Marte... Todo malo malísimo tiene su palacio y el héroe lo único que tiene son a sus camaradas.

Tiene el saco de vivencias de todo el viaje: las armas y armaduras que ha ido logrando a lo largo de la historia, los frascos, pociones, hierbas y el arsenal que va juntando. Pero tiene algo más importante que es totalmente inmaterial: una causa por la que luchar.

No son luchadores porque quieran serlo; no lo son porque quieran tener esa etiqueta. Lo son porque el destino y la vida los han hecho así. La vida los ha forzado en cada segundo a tener que poner la rodilla en el suelo y ellos, bajo la libertad que nace de su ética, siguieron adelante.

Siguieron porque sabían que había algo más que valía la pena al margen de quedarse quietos con un lamento de por vida.

Que, ¿por qué nos caemos? Como diría Michael Kaine en “El Caballero Oscuro”: Para aprender a levantarnos. Y si el corazón te dice que no, no lo hagas.

Gracias, Cloud.