Thomas Edison
No
te voy a decir que tengas que llorar cuando sé que, para ti, es algo imposible
de hacer. Que tienes un bloqueo en tu interior que te impide liberarte de las
cadenas que te apresan en el fondo del mar, pero hay batallas que solo podemos
librar nosotros mismos, si es que decidimos hacerlo.
No
te voy a decir que permanezcas fuerte, aunque lo seas. Ni que la imaginación no
te juegue malas pasadas, porque a todos nos termina ocurriendo. Ni tampoco te
diré que continúes viviendo como si nada pasara o hubiera pasado.
Lo
único que puedo decirte es que el triunfo del valor sobre el miedo es el de vencer
el instinto de conservación que tenemos anclado en lo más profundo de nuestro cerebro.
Que el miedo es real o imaginario; que en el primer caso se combate con
formación, educación, entrenamiento físico y fe y, en el segundo, que obedece a
temores injustificados, supersticiones o sentimientos primitivos.
Y
es en este segundo caso que la única solución que conozco es la de enfrentarse
una y otra vez a ello hasta que consigas reírte. Aceptar que hay cosas que son
como son, que nunca existirá el momento perfecto para ejecutar una acción y que,
si Thomas Edison tuviera miedo de las consecuencias, la humanidad seguiría sumida en las tinieblas.
Que
sigas al corazón en lugar de sentir con la cabeza.
